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Aunque los griegos utilizaban ya hace casi 3.000 años una gorra parecida a la boina española, fueron los romanos los que llamaron a un accesorio similar abbonis, palabra que luego degeneró en el francés bonnet y bonete en español. Pero no fue hasta el medievo cuando el antecesor de este accesorio se consagró como prenda de abrigo para la cabeza.

La boina se dió en la Holanda del siglo XVII, muy influenciada por España en cuestiones culturales y de atuendo, y en ciertas zonas de Francia y de la provincia de Sajonia en Alemania, de donde el teólogo y fraile Martín Lutero tomó la costumbre de utilizarla. Aunque las mujeres la llevaban en ocasiones, se trató no obstante de la gorra más típica de los hombres de la mitad norte de España desde hace siglos, incluyendo a Navarra, Aragón y País Vasco como lugares donde permaneció más tiempo.

Se trataba de un accesorio principalmente rural para proteger la cabeza de los labradores y pastores del sol y el frío en la España septentrional. También su influencia ha sido importante en el sur de Francia y en zonas como León o Extremadura. Pero la boina no es igual que la txapela: esta es de mayor tamaño y se dio inicialmente en el sur de Francia, de Bearn a Dax, desde donde pasó a Navarra hace unos 150 años.

La influencia de la boina en la cultura española la han abanderado entre otros Pío Baroja, Gila o Paco Martínez-Soria. Pero este accesorio no ha dejado de extenderse por el mundo. Desde que durante el movimiento revolucionario de Fidel Castro y el Che Guevara adquiriera una infundada notoriedad, las actrices y cantantes de la esfera global la han integrado en su guardarropa. Faye Dunaway en «Bonny and Clyde», Madonna en sus conciertos, John Lennon o la mismísima Yoko Ono se han encargado de reinventar un accesorio que no favorece.

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