Aquí van 25 figuras del cine caracterizadas por unos pelos horribles, que superan en horror primigenio a los nuestros cuando nos levantamos por las mañanas.

Javier Bardem en No es país para viejos

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Ya lo decía Carlos Areces en Spanish Movie: “Psicópata, sí, pero con pelazo”. El inenarrable tazón lucido por nuestro paisano en este filme de los hermanos Coen da más miedo aún que sus asesinatos, lo cual es decir mucho.

 

Tommy Lee Jones en JFK: Caso abierto

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¿Tendría Oliver Stone algún motivo personal contra nuestro actor texano favorito? No lo sabemos, pero sí tenemos claro que, en este filme, Jones se convirtió en algo muy similar a un caniche albino salido de una sesión de rayos UVA.

 

Bill Murray en Vaya par de idiotas

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Encarnando al jugador de bolos Ernie McCracken, el comediante más gracioso de Hollywood no sólo dio vida a uno de sus personajes más despreciables. También se encasquetó un pelucón excesivo incluso en los parámetros de los hermanos Farrelly.

 

Carrie Fisher en La guerra de las galaxias

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Sabemos que las ensaimadas capilares que lució la princesa Leia Organa en su primera aventura resultan graciosas (como mínimo). Pero conviene recordar dos cosas: el estilismo de la chica mejoró en las entregas sucesivas, y ella fue quien se llevó al huerto a Han Solo.

 

John Travolta en Campo de batalla: la Tierra

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Tras estudiar esta foto durante largo tiempo, hemos llegado a la conclusión de que Travolta está siendo asaltado por una manada de ratas con la cola muy larga. Bromas aparte, este pelazo es todo un hito del horror, superior incluso al tupé de Danny Zucco y la melena grasienta de Vincent Vega.

 

O. J. Simpson en Agárralo como puedas 33 1/3

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El descomunal afro lucido por el exatleta (y futuro acusado de asesinato) en la tercera entrega de la parodia policíaca fue capaz de sorprender incluso a Leslie Nielsen. Recordad, chicos: un exceso de volumen puede ser un problema a la hora de cruzar una puerta.

 

Brad Pitt en Johnny Suede

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Antes de ser el gran señor de Hollywood tuvo que hacer sacrificios tan enormes (y engominados) como el que le supuso este filme indie de 1991, donde interpretó a un rocker corto de luces. El camino al estrellato, es lo que tiene.

 

Nicolas Cage en Bangkok Dangerous

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En justicia, todos los estilismos lucidos por el sobrino de Coppola en su carrera han sido criminales en un aspecto u otro. Pero nos quedamos con este (para empezar) porque hace bueno un viejo adagio: “Los calvos con melena, más que risa, dan pena”.

 

Cameron Diaz en Algo pasa con Mary

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Por más que estéticamente cuestionable, este peinado tan estrepitoso no figura en nuestro informe por su forma o su volumen, sino por los ‘cosméticos’ empleados en él. Si has visto la película y las palabras “gel fijador” no te revuelven el estómago, no eres humano.

 

Sean Penn en Atrapado por su pasado

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Hace falta mucho estilo (del malo) para arrebatarle el puesto al pelazo latino de Al Pacino en esta película, pero nada puede con el corte seventies que vemos aquí. Alguien que luce semejante conjunción de patillacas y rizos grasientos no puede ser buena persona, ¿verdad?

 

Jim Carrey en Dos tontos muy tontos

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Por si fuera poco con esa mirada extraviada, esa sonrisa mellada y esas orejas de soplillo, el hombre de las mil muecas y los hermanos Farrelly (sí, otra vez ellos) dotaron al pobre Lloyd Christmas de un tazón inenarrable. Como un Anton Chigurh, pero del humor.

 

Edward Norton en Stone

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Sabemos que, para evitar los encuentros indeseados en las duchas del talego hace falta tomar medidas drásticas. Pero, ¿necesitaba el personaje de Norton llegar a extremos tan aberrantes? Por ahorrarnos la visión de esas trencillas gangsta, nosotros haríamos cualquier cosa.

 

Gary Oldman en El quinto elemento

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Llamándote Jean-Baptiste-Emmanuel Zorg, está claro que uno no puede ir por la galaxia llevando los pelos de cualquier manera. El gran Gary respondió a esta necesidad de su personaje con un bisoñé más destructivo que cualquier fuerza cósmica primigenia, capaz de destacar en un filme tan lleno de horrores capilares que sólo se salvan los pelos de Milla Jovovich y la calvicie de Bruce Willis.

 

Tom Hanks en El código Da Vinci

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Ay que ver, Tom… Con lo bien que te sentaban el corte militar de Salvar al soldado Ryan y el rapao a máquina de Forrest Gump, y tuviste que comparecer en este filme con un híbrido de media melena y entradas profundas menos acertado que una trama de Dan Brown. No nos extraña que Audrey Tautou y tú no tuvieseis ninguna química.

 

Joan Cusack en Armas de mujer

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¿Hueles eso, lector? Tranquilo: no es un ataque con armas químicas, sino los litros y litros de laca usados por la hermana de Joan Cusack para obtener su cardado aleonado de working girl. En la Manhattan de los 80, este peinado causaba estragos. Ahora, también, pero de otro signo.

 

Johnny Depp en Eduardo Manostijeras

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No juzguemos duramente a Johnny por este nido de pájaro tan gótico, capaz de dejar a los de Robert Smith, Sean Penn (en This Must Be The Place) y Joaquín Reyes (cuando hace de Robert Smith) a la altura del betún. El pobre chico se lo cortó él mismo y, como es bien sabido, eso es muy difícil.

 

David Bowie en Dentro del laberinto

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Con sólo ver un fotograma de esta película, es fácil adivinar que fue rodada en 1986. De hecho, estando detrás del filme Jim Henson y Frank Oz, padres de Los Teleñecos, a nosotros nos sorprendió mucho que el pelucón lucido por el patriarca del rock camaleónico no fuese una marioneta más. Para colmo, el cantante-actor luce el cardado sin perder un ápice de dignidad y estilo. Y es que Bowie es mucho Bowie.

 

Will Ferrell en Zoolander

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Nos gustaría decir que esto es sólo una parodia, y que en la vida real nadie podría lucir una coiffiure como la del pérfido Mugatu (némesis, recordemos, del modelo Ben Stiller) y ser considerado un gurú de la alta costura. Pero, a qué mentir, las páginas de las revistas del ramo nos lo desmienten una vez, y otra, y otra…

 

Nicolas Cage en Peggy Sue se casó

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Tenía que volver a salir Cage, ¿verdad? Pues aquí le tenéis. Dicen las habladurías que el actor y su tito Francis Ford Coppola llevan mucho tiempo sin mirarse a la cara, y este pedazo de tupé oxigenado que el cineasta hizo sufrir al actor en uno de sus filmes podría ser la causa.

 

Natalie Portman en La amenaza fantasma

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Siempre meticuloso, George Lucas nos mostró los orígenes de cierto famoso peinado en las precuelas de Star Wars, demostrándonos de paso que la imaginación de Leia Organa por los rodillos orejeros tenía un origen genético. Ya se sabe: de tal madre, tal hija.

 

Terence Stamp en Las aventuras de Priscilla

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Sí, ya sabemos que es una peluca, pero ver a uno de los más señoriales actores del Reino Unido en modo drag queen es un trauma que no se nos pasa con los años. Y no os quejéis, porque podríamos haberos mostrado a Terence con redecilla…

 

Tina Turner en Mad Max: Más allá de la cúpula del trueno

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Metida a reina postapocalíptica, la diva del soul interpretó un sentido baladón ochentero en la BSO de esta película. Traducido, el título del tema rezaba: “No necesitamos otro héroe”. Porque lo que Tina necesitaba era, clarísimamente, un peluquero con buen gusto.

 

Robert De Niro en Taxi Driver

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En nuestro plano de existencia, lo peor que te puede pasar con un taxista es que te lleve por el camino más largo con la COPE a todo volumen en el loro del coche. En el mundo de Martin Scorsese, un conductor de tequi es un señor armado con un arsenal de armas cortas y con una cresta que proclama a los cuatro vientos su condición de psicópata. No sabemos qué es peor.

 

Gary Oldman en Drácula de Bram Stoker

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Ojo, fans, que os vemos venir: no nos referimos a la copiosa melena decimonónica lucida por el gran Gary en esta película, sino a la peluca empolvada (y con coleta) que mostraba en sus primeras escenas. Si el actor y el director (otra vez Coppola) querían darnos grima, lo lograron.

 

Taylor Lautner en Crepúsculo

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Para conservar el papel de Jacob Black con vistas a La saga Crepúsculo: Luna nueva, Lautner tomó dos beneficiosas decisiones. La primera, ganar un considerable volumen muscular. Y, la segunda, cortarse esa melena que (aunque presente en los libros de Stephenie Meyer) le sentaba como un tiro entre ceja y ceja. Si el licántropo más sensible de Forks hubiese lucido el mismo estilismo en las secuelas, ¿cuantos miembros habría tenido el Team Jacob?

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