Yo, Santi Alverú, como redactor de CINEMANÍA y orgulloso ovetense, analizaré los puntos clave de Si yo fuera rico, la última comedia de Álvaro Fernández Armero, ambientada en Asturias. Lo haré con las gafas azules y amarillas puestas. Cuidado porque puede que te encuentres con SPOILERS de la película, pero también con SPOILERS de lo que se siente al comer unas cebollas rellenas. Yo tampoco sé qué estoy diciendo. Empezamos.

La bebida y la comida: SOBRESALIENTE

Si quieres caerle bien a alguien de Asturias, invítale a comer. Invítale a comer mucho. En la película están todo el rato hablando de comida, de ir a tomar algo, de salir por la noche y de la acidez de estómago. Pues claro joder, es que somos así, como hobbits, fartones. Cuando tenía seis meses ya comía segundo plato en casa de mi abuela. Y aunque se mencionan los clásicos chorizos a la sidra, fabes o cachopo, también se bebe vino, cerveza, se come marisco, pescado… vamos, que somos llambiones, sí, pero con variedad y criterio. Ah, y creo que no he escuchado un solo “sidriña”, lo cuál merece una nota altísima. Si alguien va al cine y lo oye que me lo diga y pongo un suspenso inmediato.

El aeropuerto de Ranón: SUSPENSO

Mira. Ojo que este es un SPOILER cojonudo. Pero vamos a ver. Maite (Alexandra Jiménez), en una de las escenas finales, llega al aeropuerto de Asturias para impedir que Santi (Álex García) coja un vuelo. Estamos ante una escena típica de comedia romántica, en la que ella corre por las terminales de Heathrow, o del JKF, saltando controles, como el niño de Love actually, desesperado por decirle a su amada que está enamorado de ella antes de que suba al avión.

El único problema es que mi salón es más grande que el aeropuerto de Ranón. Y cuando mis dos compañeros de piso y yo hacemos maratones de Forjado a fuego, ya hay más gente de lo que normalmente acostumbra a alojar. Por favor. Nunca nadie ha corrido en el aeropuerto de Ranón para alcanzar a alguien. Vamos, es que creo que si le dices al paisano del control que tienes que pasar a la zona de embarque porque a tu sobrino se le ha olvidado el cargador del móvil, te deja pasar. El aeropuerto de Ranón se llama ‘aeropuerto’ por no llamarlo ‘parking que queda lejos’. ¿Y lo de que esté llena la zona de facturación? Jamás. Nunca hay más viajeros que empleados en Ranón. Es como Mordor, está a tomar por saco y toda la gente que hay allí, también trabaja en las instalaciones.

El bable: APROBADO

Muchos asturianos empleamos el bable de manera complementaria al castellano. No soy el indicado para establecer las causas de lo olvidado de nuestra lengua, pero lo cierto es que muy pocos lo controlan. Así que, igual que se ve en la película, lo que hacemos es meter un “guaje” o un “ye” de vez en cuando. Un “esti guaje ye fatu” (este chaval es tonto) es quizá lo más normal del mundo, pero no nos vamos mucho más lejos. Por ahí bien. Que la gasolinera se llame asgaya (a saco, a tope, mucho), puntazo.

El problema viene con el “oh”. Ay, el “oh”. “¡Qué pasa oh!”, ¡Dime oh!”. Es verdad que lo usamos mucho, pero con cabeza. Es como la Isla de Tortuga, solo sabes cómo usarlo si ya lo has usado antes. Y aquí hay un poco de saturación. Adrián Lastra, en una escena en la que aparece en un descapotable, mete seis “oh” en dos frases. Le dan al “oh” en la película que parece droga. Tampoco es eso. También usamos “joder”, “mierda”, “venga”, “vamos”, “coño”, “tira”, “qué”, y muchas otras palabras vulgares como el resto de los españoles.

La gente: SOBRESALIENTE

Probablemente, lo más importante. La película refleja muy bien esa manera de ser de los asturianos, amables desde la distancia, generosos, cotillas, criados entre el apego y el cariño más honesto, y las envidias y recelos que se crean en ciudades pequeñas. También somos un poco burros, como esa señora que le dice a Santi “rióme porque ye bueno pal corazón” cuando se descojona de su desgracia, para luego preguntarle si es marica. Nuestros amigos son para siempre, como nuestros bares y lo mucho que nos gusta disfrutar de nuestras playas, de la vida al aire libre y la buena compañía.

Veredicto: NOTABLE

En resumen, la película cuenta con suficientes asesores en guion y con suficiente cabeza en sus interpretaciones y su dirección como para que todos los del principado salgamos del cine contentos, pensando en pasarlo bien, que ye lo que nos gusta. A los pijos de Oviedo como yo y a los tiraos de Gijón como Santi. Enhorabuena.

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