03/08/2021 a las 18:03

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¿Es posible capturar y almacenar el CO2 de la atmósfera para mantenerlo encerrado bajo tierra? Este es el objetivo de un proyecto que quiere demostrar la viabilidad de este sistema en España, lo que ahorraría la emisión de 69 millones de toneladas de CO2 al año. Más que capturar el CO2 de la atmósfera, lo que se pretende es secuestrarlo en las mismas instalaciones industriales antes de que se emita y almacenarlo en un lugar seguro del que no pueda salir.

Un estudio multidisciplinar con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad de Barcelona (UB) propone reimpulsar el desarrollo en España de los procesos de captura y almacenamiento de dióxido de carbono (CO2) mediante una estrategia denominada en inglés de hubs & clusters. Un hub estaría formado por un grupo de emisores de CO2 cercanos, mientras que un cluster estaría constituido por ese grupo de fuentes, más un almacén subterráneo apropiado para sus emisiones.

Los autores del trabajo, que ha sido publicado en la revista Applied Energy, estiman que con la adopción de esta estrategia se podrían dejar de emitir a la atmósfera hasta 69 millones de toneladas de CO2 al año, lo que equivale a un 21% de las emisiones anuales de España.

«España se enfrenta al reto de eliminar los más de 300 millones de toneladas de CO2 que produce cada año para poder mitigar los efectos del cambio climático. Para poder alcanzar los objetivos de descarbonización suscritos en los Acuerdos de París se requiere, entre otras medidas, devolver CO2 al subsuelo mediante operaciones de captura y almacenamiento», explica el investigador del CSIC Juan Alcalde, de Geociencias Barcelona (GEO3BCN-CSIC), autor principal del estudio.

Este trabajo, que analiza el estado actual de desarrollo de la captura y almacenamiento de CO2 en España, ha identificado 15 concentraciones de emisores de CO2 con una producción superior a dos toneladas al año, así como las posibles estructuras de almacenamiento geológico que podría usar cada uno de estos núcleos de emisión.

«El objetivo del estudio es doble: por un lado, determinar cuáles son las mejores opciones para desarrollar la captura y almacenamiento de CO2 en España; y, por otro, estudiar su encaje dentro de la estrategia de descarbonización a corto y medio plazo», apunta Alcalde.

La estrategia de los investigadores ha consistido en identificar las zonas con altas emisiones de CO2 producidas por concentraciones de fuentes de emisiones masivas (centrales eléctricas, cementeras, acereras, etc.) cercanas entre sí y que puedan formar un hub o núcleo de emisiones. A continuación, se localizan los almacenes geológicos más apropiados a los que se puedan conectar esos núcleos, formando una red o clúster de captura y almacenamiento, y asegurando que el almacenamiento de CO2 se pueda llevar a cabo de forma eficiente, económica y segura.

El norte de la Península, lugar adecuado

El trabajo considera que la zona norte de la Península podría ser una región prioritaria para el desarrollo de procesos de captura y almacenamiento de CO2, ya que es donde se concentran gran parte de los núcleos de emisión identificados y donde, además, se han encontrado posibles estructuras geológicas que ofrecen las condiciones más idóneas para su almacenamiento permanente.

«Esta estrategia permite vincular a diferentes agentes industriales de manera que puedan compartir el esfuerzo de desarrollar un programa completo de captura y almacenamiento de CO2, desde la construcción de la red de transporte o almacenamiento, hasta la tramitación de licencias y la negociación de los permisos de explotación. De esta manera, los usuarios del clúster pueden reducir los costes y los riesgos asociados a este tipo de proyectos, en comparación con otras iniciativas individuales», indica Enrique Gómez Rivas, de la Facultad de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Barcelona.

El estudio recuerda que, aunque muchos países han asignado a la tecnología de captura y almacenamiento de dióxido de carbono un papel indispensable en sus planes nacionales de mitigación del cambio climático, en la actualidad existen pocos proyectos comerciales de este tipo, y la mayoría están ubicados en países con importantes recursos petrolíferos, como Estados Unidos, Canadá y Australia.

En otros países, como el Reino Unido y Noruega, donde el desarrollo de captura y almacenamiento de CO2 se había visto frenado en el pasado, se está viendo que, gracias a la estrategia de núcleos y redes, se están desarrollando nuevos proyectos y se está extendiendo el uso de esta tecnología fundamental para la descarbonización de diferentes sectores industriales de difícil transformación.

«La estrategia que proponemos puede servir para despertar también el interés por la captura y almacenamiento de CO2 en países con pocos recursos petrolíferos, pero con importantes necesidades de descarbonización, como es el caso de España. En este sentido, la implementación de una estrategia de hubs & clusters de captura y almacenamiento puede proporcionar el incentivo que ayude a desbloquear esta tecnología clave para un futuro sin emisiones», concluye Alcalde.

En la elaboración del trabajo han participado investigadores del instituto de Geociencias Barcelona, la Universidad de Barcelona, del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC), del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA-CSIC-UIB), del Instituto de Ciencia y Tecnología del Carbono (INCAR-CSIC), del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC), de Repsol y de la Universidad de Salamanca y Valladolid. También ha contado con la colaboración de investigadores de las universidades de Aalborg (Suecia), Edimburgo y Strathclyde (Reino Unido).

¿Qué es la captura y almacenamiento de CO2?

La captura y almacenamiento de carbono (CAC o CCS, por sus nombre en inglés carbon capture and storage) es una técnica para retirar dióxido de carbono de la atmósfera o, más propiamente, evitar que llegue a ella. La CAC consiste en separar el CO2 emitido por la industria y la generación de energía en los procesos de combustión, y transportarlo a un lugar de almacenamiento geológico para aislarlo de la atmósfera a largo plazo.

El proceso químico de captura de CO2 es energéticamente costoso y, según advierten los expertos, también se produce CO2 durante el mismo. Este proceso, según algunas voces críticas, solo retrasa la liberación del CO2, que no se puede almacenar indefinidamente. Sin embargo, este CO2 podría ser usado de formas múltiples.

Aunque el CO2 se ha inyectado en formaciones geológicas para diversos fines, el almacenamiento a largo plazo de emisiones de CO2 es un concepto relativamente nuevo. El primer ejemplo comercial es Weyburn en 2000. Se trata de una planta piloto de producción de energía con CAC integrada, que opera desde septiembre de 2008 en la central térmica de Schwarze Pumpe de Vattenfall, en el este de Alemania, con el objetivo de dar respuesta a la viabilidad tecnológica y la eficiencia económica.

La CAC aplicada a una planta de energía moderna convencional podría reducir las emisiones de CO2. El panel intergubernamental de científicos IPCC estima que la economía potencial de CAC podría ser entre 10 % a 55 % del total de mitigación del carbono hasta 2100.

El almacenamiento de CO2 suele contemplarse en formaciones geológicas profundas, en las masas de aguas profundas, o en forma de minerales carbonatos. En el caso del almacenamiento oceánico profundo, existe el riesgo de aumentar enormemente el problema de la acidificación de los océanos, un problema que se deriva también del exceso de dióxido de carbono presente ya en la atmósfera y los océanos.

Las formaciones geológicas son consideradas actualmente los sitios más plausibles de secuestro de carbono.

Artículo de referencia: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S030626192100814X

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