Tal y como la describe el propio James Cameron, Pandora es como el Jardín del Edén, pero con garras y dientes. A pesar de su similitud con la Tierra, Pandora es una luna, esto quiere decir que orbita sobre un planeta, no directamente sobre una estrella. En este caso Pandora es la quinta luna del planeta Polifemo, del Sistema Alfa Centauri, el más cercano a nuestro propio Sistema Solar, según la ficción de la película. Aunque en la realidad es una de las lunas de Saturno, y no es ni por asomo tan espectacular como en las películas.

 Si ya en 2009 la primera entrega de Avatar nos hizo soñar despiertos con sus mágicos parajes y criaturas fosforitas, con El sentido del Agua se ha conseguido superar a sí misma con sus escenarios acuáticos. Pero, como se suele decir, no es brilli brilli todo lo que reluce, ya que el irresistible atractivo de Pandora puede resultar letal.

Para empezar, su atmósfera es mortífera. Y es que los humanos nos ahogaríamos en Pandora como peces fuera del agua. Tal y como vemos a través de las películas, Jake Sully (Sam Worthington en su forma humana en la primera entrega), su escuadrón, el equipo de investigación, o el personaje de Spider (Jack Champion, en El Sentido del Agua) necesitan de exomáscaras para hacer el aire de Pandora respirable, o trasladar su consciencia a los cuerpos de los famosos avatares.

Y esto, ¿por qué? ¿Cómo es que los avatares y los na´vi (población autóctona que da origen a los avatares) sobreviven si también respiran oxígeno? La respuesta es simple: la composición atmosférica de Pandora. Se trata de una mezcla de nitrógeno, oxígeno, dióxido de carbono, xenón, metano y sulfuro de hidrógeno. Y así a primera vista no parece tan dispar de nuestra propia atmósfera terrestre. Pero lo importante es cómo se distribuyen estos compuestos

Por ejemplo, el aire de la Tierra tiene gran cantidad de oxígeno (20%) y muy poco CO2 (0,04%), y en Pandora se da el caso inverso, siendo el dióxido de carbono el gas realmente abundante (>18%). Además, debido a la presencia del xenón (>5,5%), gas noble muy pesado, incoloro, inodoro y generalmente no reactivo, la atmósfera de Pandora es un 20% más densa que la nuestra. De esta manera respirar en Pandora para un humano se asemeja bastante a tratar de respirar bajo el agua; muy poco oxígeno disponible y un medio muy denso que mover en los pulmones.

Y es que a diferencia de lo que comúnmente se cree, no nos ahogamos porque nos entre agua en los pulmones, sino por nuestra incapacidad de extraer el oxígeno del medio en cantidades suficientes como para sobrevivir. Resultado: desmayo casi instantáneo y muerte inminente (unos cuatro minutos). 

'Spider' y su inseparable respirador.
‘Spider’ y su inseparable respirador. Si las mascarillas nos agobian, imagina vivir siempre con eso en la cara.
20th Century Fox

¿Y los na’vi cómo lo hacen? Se podría decir que, al igual que los peces desarrollaron branquias, ellos evolucionaron con unos órganos especializados llamados wichow, mucho más eficientes que nuestros pulmones a la hora de acceder al oxígeno presente en el aire.

No se dispone de referencias anatómicas concretas aportadas por James Cameron sobre estas estructuras pero se las compara con los riñones humanos. En ellos se dice que tiene lugar una reacción metabólica singular: a partir del CO2 tan abundante en su atmósfera y del agua almacenada en sus cuerpos se produce metano, que es exhalado al aire, y oxígeno, que es incorporado al torrente sanguíneo.

Además, no nos olvidemos de su habilidad para modular su metabolismo, tal y como se ve en El Sentido del Agua con su capacidad de apnea. Los na´vi son capaces de disminuir su gasto de oxígeno modulando su respiración, lo cual recuerda muchísimo a nuestros delfines y ballenas. Desde luego estos portentos físicos azulados son capaces de sacarles los colores cualquier medallista olímpico y competir con el mayor récord de apnea entre los cetáceos: el zifio de cuvier, con una marca de buceo de más de 3 horas.

¿Monstruos prehistóricos superinteligentes?

Si por suerte consiguieses sobrevivir a su atmósfera, no te preocupes que Pandora se guarda otra baza para liquidarte, ¿qué tal si hablamos de sus terribles criaturas? Cada saga de ciencia ficción alienígena tiene su propia colección, y en la mayor parte de los casos no pasa desapercibida su inspiración en animales reales. Hasta el mismo Ridley Scott se basó en referencias de dos especies de tiburones la mar de curiosas, el tiburón víbora y el tiburón duende, para crear a su icónico Alien.

Avatar no iba a ser menos, y es que saltan a la vista las grandes similitudes con los animales terrícolas: caballos, lobos…, pero todos parecen compartir un aspecto prehistórico, como si se tratase de los mismísimos descendientes de los dinosaurios. Esto podría deberse a una evolución similar a la que sucedió en la Tierra, pero sin la aparición del meteorito que los extinguió. Lo que nos lleva a preguntarnos: ¿la fauna de la Tierra hubiera sido parecida de no haber tenido lugar el cataclismo? Puede, quizá, nunca lo sabremos. Pero es una bonita teoría. De esta forma se podría explicar también porqué muchos de ellos están dotados de una inteligencia comparable a la humana.

Un 'adorable' Thanator .
Un ‘adorable’ Thanator.
20th Century Fox

Y otro rasgo que llama la atención sobre su morfología…¿Dónde están las criaturas con pelo? ¿No hay ningún bicho de aspecto adorable? Parece ser que no. Al contrario de lo que ocurre en sagas como Star Wars en la que George Lucas nos tiene acostumbrados a su elenco de criaturas achuchables (ewoks, wookies, porgs…), de esas que te dan ganas de tener una mascota galáctica, en Avatar no hay ni rastro de los típicos mamíferos a los que estamos acostumbrados. Lo cual reforzaría la idea de que en este mundo la línea reptiliana continuó su hegemonía, sin dar paso protagonista a los mamíferos, como ocurrió en la Tierra.

La elección de esta estética, donde las garras, espinas, colmillos quedan totalmente al descubierto, es, sin duda, un detalle más con el que James Cameron otorga a Pandora ese aura primigenia y peligrosa.

El planeta está vivo. El mito de Gaia

Y para colmo, se podría decir que el propio planeta tiene vida. Así como en la mitología griega, la diosa Gaia era la personificación de la Madre Tierra, para los na´vi Eywa es el espíritu de su planeta al mismo tiempo que su deidad. Y como si de un organismo se tratara, las criaturas que lo habitan cumplen el papel de células interconectadas entre sí, que se comunican, se reconocen y que actúan de forma hostil cuando detectan un intruso. 

El árbol de las almas
El Árbol de las Almas, Vitraya Ramunong en el idioma de los Na’vi.
Fox

Las plantas tienen establecida una red de conexiones a través de sus hojas y raíces mucho más avanzada que las de nuestros vegetales y con una interacción interespecífica que vaya más allá de la simbiosis común; se podría decir que se parece más a nuestra red neuronal, ya que además de nutrientes comparten sensaciones, mensajes y todo tipo de información. 

Algo similar ocurre con los animales de Pandora, que tienen un sistema de reconocimiento por el cual son capaces de catalogar como autóctono o intruso a cualquier otro ser, como si de glóbulos blancos de nuestro sistema inmune se tratase, dispuestos a eliminar aquellas amenazas exógenas que se presenten. Vamos, que los humanos seríamos como un virus o una bacteria irrumpiendo en Pandora. 

¿Seguro que te atreverías a adentrarte en ella?