La rotación del núcleo interno de la Tierra, una gigantesca bola de hierro y níquel de casi 2.500 kilómetros de diámetro, se está frenando. Y eso tiene consecuencias porque su rotación diferenciada a la del resto de capas de nuestro planeta es responsable de la generación del campo magnético que lo protege de las radiaciones procedentes del espacio.

Ante la repercusión del estudio publicado este lunes en la revista Nature Geoscience, en el que se ponen de manifiesto esas anomalías, la pregunta es clara: ¿las variaciones en el núcleo interno de la Tierra van a afectar en algo a la vida en la superficie del planeta? Lo cierto es que sí, pero las consecuencias van a ser prácticamente imperceptibles.

El ‘escudo’ del campo magnético frente al Sol

«Que haya un núcleo interno envuelto por un núcleo externo líquido es la clave de tener un campo magnético bipolar como el nuestro, que nos salva la vida porque, si no, el Sol nos bombardearía», explica Puy Ayarza, catedrática del grupo de investigación en Geofísica y Tectónica de la Universidad de Salamanca.

«Por suerte, es un sistema estable y que sigue siendo estable», subraya en relación al estudio publicado en la revista Nature Geoscience: «Lo que han descubierto es algo que lleva pasando mucho tiempo y que, según dicen, se repite cada 70 años. Si no nos ha pasado nada hasta ahora, tampoco nos va a pasar en el futuro».

«El núcleo rota un poquito más rápido o un poquito más despacio, pero va a seguir rotando y siempre que tenga un movimiento diferencial con el resto de la Tierra tendremos un campo magnético bipolar», señala.

Y aunque desapareciera el campo magnético bipolar, la Tierra seguiría teniendo un ‘escudo’ protector frente a radiaciones procedentes del exterior: «Hay otro campo magnético que no es de origen bipolar y se cree que es debido a la dinámica del núcleo externo, que es hierro y níquel líquido, con una viscosidad baja y que se mueve mucho. Tiene una cinemática compleja, pero ese campo magnético nos seguiría protegiendo».

Inversión de los Polos y problemas de orientación

La catedrática Ayarza expone que uno de los síntomas más apreciables de la ralentización del núcleo interno es «el debilitamiento del campo magnético bipolar» de la Tierra: «Cuando el núcleo interno rota un poco más rápido, el campo magnético bipolar es un poquito más fuerte y cuando rota más despacio, es un poco más débil. Ahora, se está debilitando».

«Está habiendo cambios en el campo magnético más rápido de lo normal.  El Polo Norte magnético está oscilando de Canadá hacia Siberia», añade, y sus consecuencias ya se están notando «porque al fin y al cabo nos orientamos muchas veces con brújulas que apuntan al Polo Norte magnético». 

«Los modelos del campo terrestre magnético duran cinco años y el último se revisó a los cuatro años porque los científicos veían que se estaba alejando bastante de las previsiones», asegura Ayarza. No obstante, la investigadora deja claro que no se trata «de ningún proceso catastrofista» y que los cambios son lentos y débiles.

Cambios en la duración del día

Otra de las consecuencias afecta a la duración del día, como ya señalaban los autores chinos firmantes del estudio. «Es del orden de unos milisegundos, algo pequeñísimo que ni nos enteramos», apunta Ayarza: «En el estudio dicen que si tienes un cuerpo girando con otro dentro muy pesado que gira un poquito más despacio, pues influye en el movimiento de rotación de la Tierra, pero son cosas que nosotros no percibimos».

Incide, además, en que son «pequeñas oscilaciones» puntuales, ya que si tenemos en cuenta intervalos de tiempo geológico, es decir, millones de años, «el día cada vez es más largo porque la Tierra rota más despacio».

Nivel de los oceános

También se ha especulado con la posibilidad de que los cambios en el núcleo interno provoquen variaciones en el nivel de los oceános, algo que Ayarza descarta: «Dependiendo de cómo el núcleo interno, denso, se mueva dentro del resto de la Tierra, puede originar cambios de gravedad, pero son cuestiones milimétricas, muy muy débiles, que si se observan en periodos de tiempo largos, igual se pueden cuantificar, pero a escala humana, no».

Y pone un ejemplo: «Cuando hubo el terremoto de Sumatra, la Tierra estuvo vibrando durante cuatro meses de manera incontrolada, pero ninguno de nosotros lo notamos. Lo que pasa es que sí somos capaces de medirlo, aunque no lo notemos».

Alteraciones en el clima

No parece probable que los cambios en la rotación del núcleo afecten al clima: «Desde luego, nada comparado con los cambios que están provocando las cantidades enormes de CO2 que estamos vertiendo a la atmósfera», afirma la profesora de la Universidad de Salamanca.

«El clima tiene un patrón de comportamiento astronómico, depende de la elipticidad de la órbita terrestre alrededor del Sol, de la inclinación del eje de rotación… y puede tener también un componente ligado con la cinemática del núcleo interno, pero no lo haría desembocar hacia el extremo, sino que sería algo absolutamente despreciable. Como si a un elefante le pisa una hormiga», afirma.

Terremotos y volcanes

Tampoco hay evidencias de que el núcleo interno de la Tierra pueda tener relación directa con los terremotos o volcanes que afectan a la superficie del planeta. «Los terremotos se producen en la cáscara de la Tierra, que por sus dimensiones sería equivalente a la cáscara de un huevo. Son movimientos de placas litosféricas y la litosfera puede llegar hasta 80 o 100 kilómetros de profundidad, cuando el núcleo está a 5.000″, asegura Ayarza.

«Obviamente, las anomalías térmicas que hay en el núcleo externo se pueden transferir al manto y algunas llegan hasta la superficie. Por ejemplo, en Hawai parece que la fuente de calor de sus volcanes viene del límite entre el manto y el núcleo externo», explica.

«En cualquier caso, se trata del núcleo externo líquido y no del núcleo interno sólido, que lo que hace es girar y crecer. De hecho, se cree que el núcleo interno tiene 1.000 millones de años, cuando la Tierra tiene 4.500 millones. A medida que la Tierra se va enfriando, el hierro y níquel del núcleo externo se enfrían y se van precipitando al núcleo interno, que no deja de crecer», dice.