Un estudio elaborado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) muestra que la población de España se ha ido adaptando progresivamente a las temperaturas extremas: desde 1989 para el frío y desde 2009 para el calor.

«En la actualidad, España es uno de los países más afectados por el aumento de las temperaturas y las olas de calor dentro de la región Mediterránea», ha apuntado la investigadora Dariya Ordanovich, del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del CSIC. 

Las personas, según el estudio, tienden a adaptarse a las nuevas condiciones, sean desfavorables o propicias. «Valorar adecuadamente la adaptación a las temperaturas no óptimas en la población es complicado, ya que requiere de la evaluación conjunta de varios indicadores epidemiológicos», ha explicado Ordanovich.

Mortalidad más baja

Según los datos obtenidos en la investigación, la mortalidad debida al frío mostró una reducción significativa de casi tres veces. Por su parte, el riesgo de muerte por el calor presentó una bajada mucho menor, que se observa al final del periodo estudiado.

La temperatura de mínima mortalidad, en la que el riesgo de fallecimiento es más bajo y se utiliza como indicador de la velocidad de adaptación, disminuyó entre 2009 y 2018, cuando el umbral de temperatura óptima aumentó casi dos grados en España.

El estudio muestra un rango más amplio de temperaturas óptimas tanto para el frío como para el calor. «Podríamos considerar que la adaptación a las temperaturas no óptimas en España se ha venido produciendo progresivamente», ha comentado Aurelio Tobías, investigador del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC). «A pesar de esta adaptación, sigue existiendo un riesgo considerable del calor extremo para la salud, tal y como se ha visto durante el verano de 2022″, ha añadido.

Desarrollo de una estrategia

España debe priorizar el desarrollo de una estrategia de adaptación al cambio climático, según Diego Ramiro, director del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del CSIC. «El incremento de temperatura y las mayores medidas de protección y adaptación han hecho que la mortalidad relacionada con olas de frío sea la que más se ha reducido», ha explicado.

«En el contexto actual, de inflación y donde el coste de la energía es más elevado, puede conllevar, que, en períodos de frío más intenso, la población más vulnerable, como, por ejemplo, las personas mayores, vean limitadas sus posibilidades de protección contra las bajas temperaturas y eso produzca un incremento de problemas de salud en esta población», ha añadido.