Foto: Tim Marshall.

Foto: Tim Marshall.

La empatía es la capacidad de percibir y compartir los sentimientos, pensamientos y emociones de los demás.

Y aunque los humanos, los simios, los elefantes y los delfines son las especies con mayor capacidad para sentir empatía, una nueva investigación ha descubierto que las ratas también se valen de la empatía para evitar un peligro.

La investigación, desarrollada en el Instituto de Neurociencias de los Países Bajos, comprobó que las ratas son exquisitamente sensibles a las emociones de las ratas que las rodean y que por este motivo son capaces de percibir el miedo de sus congéneres y de actuar en consecuencia.

El sorprendente descubrimiento abre nuevas perspectivas para el tratamiento de los trastornos de empatía en los seres humanos, como la psicopatía o la demencia frontotemporal, conjunto de demencias progresivas que afectan principalmente a la personalidad, al comportamiento y al habla de una persona.

Esta investigación desvela asimismo que la empatía no es una calle de dirección única, en la que una persona comparte el dolor de otra, sino que más bien es un proceso interactivo en el que los animales alinean sus emociones mediante influencias mutuas.

Ratas frente a frente

Este descubrimiento se consiguió mediante un experimento simple: poner dos ratas frente a frente y estimular levemente a una de ellas mediante una pequeña descarga eléctrica en las patas.

Lo primero que apreciaron los investigadores es que, en el momento en el que una de las ratas recibe la leve descarga eléctrica, la otra capta el miedo y también parece asustada: ¿Qué está pasando?, parece pensar.

Esa reacción de la rata que no ha sufrido alteración alguna, influye en la que ha recibido la descarga y tiene un efecto tranquilizador. Tranquila, no pasa nada, parece indicar.

El miedo salta de una rata a otra, al igual que la reacción de la que no ha recibido la descarga eléctrica, y como resultado ambas se preparan para un posible peligro (una nueva descarga) antes de que ocurra, sin dramatismos. No es nada grave, parece imponerse en el ambiente.

Reacción cerebral

Una vez comprobado este efecto múltiple de la empatía, los investigadores querían observar si la reacción cerebral ante el dolor de los demás era, en las ratas, similar a la de los cerebros humanos.

Cuando presenciamos el dolor de otra persona, se activa en nuestro cerebro una región situada entre los dos hemisferios que es la misma que se activa cuando sentimos dolor en nuestro propio cuerpo. Así sentimos también el dolor ajeno.

Se trata del cortex del cíngulo anterior (CCA), el mazo fibroso que transmite las señales neuronales entre los hemisferios cerebrales derecho e izquierdo. Lo que hicieron los investigadores es inyectar a las ratas un medicamento que reduce la actividad del CCA.

Y observaron algo no menos sorprendente: cuando esa región cerebral está inhibida, las ratas no son sensibles al dolor de las ratas que sufren una leve descarga eléctrica en sus patas.

Christian Keysers, autor principal del estudio, dice al respecto en un comunicado : “nuestra sensibilidad a las emociones de los demás es quizás más similar a la de la rata de lo que muchos podrían haber pensado”.


Artículos relacionados
No es personal

Otro resultado importante que se desprende de esta investigación es que la empatía es independiente del hecho de que conozcas al otro.

Las ratas del experimento nunca se habían conocido, a pesar de lo cual sus emociones eran tan contagiosas como para las ratas que habían compartido la misma casa durante 5 semanas.

«Esto realmente desafía nuestras nociones del origen de la empatía», dice Valeria Gazzola, una de las autoras principales del estudio.

Añade que la empatía no es útil solamente para ayudar con los demás, sino pare evitar también convertirnos en víctima.

Efe Soyman, otro de los investigadores, va más allá incluso y señala que la empatía no es algo innato, sino que aprendemos a través de la experiencia: observó que el contagio emocional entre ratas no funciona si no ha habido una experiencia previa de reacción empática.

“Las ratas son como los humanos: cuanto más coincidan nuestras experiencias con las de las personas que observamos, más podemos empatizar con lo que sienten”, concluye Soyman.