Hace una semana escasa, con las portadas de los diarios copadas por la tormenta política de Pegasus, los ataques rusos a Mariupol y la resaca de las elecciones francesas, en las páginas de sucesos se colaba una noticia que pasaba sin pena ni gloria, despachada en un par de líneas: un accidente con un fallecido en San Sadurniño, un pequeño pueblo de A Coruña. El siniestro no tenía demasiado misterio. Por la tarde la delegación del 112 había recibido el aviso de que un vecino estaba atrapado bajo su tractor. Cuando emergencias llegó al lugar, ya había fallecido.

Sin más. ¿O sí?

El mismo día y a casi 70 kilómetros al sur de allí, en Dodro, el 112 recibía otra alerta: un hombre había recibido un golpe en una pierna mientras manejaba un vehículo. ¿Cuál? Un tractor. Esa misma semana otro agricultor de 66 años perdía la vida también en El Frasno (Zaragoza) por un accidente con… Efectivamente, un tractor de por medio. Días antes le había ocurrido lo mismo a un octogenario gallego. La causa, de nuevo, un siniestro fatal mientras manejaba un vehículo agrícola.

No protagonizan tantos titulares, ni campañas y desde luego su impacto no es tan demoledor como el que dejan las motos o los turismos, pero los tractores tienen su propio balance luctuoso.

Y no es pequeño, precisamente.

¿Qué dicen las cifras? Que pocas bromas con los tractores, básicamente. A principios de 2020 Mapfre publicó un estudio que deja claro que, aunque no alcancen las mismas velocidades ni suelan circular por zonas con tanto tráfico, un uso imprudente de los tractores puede ser tan peligroso como el de una moto, un turismo o un camión. Para muestra un botón. O un dato, mejor: entre 2010 y 2019 la aseguradora registró 880 fallecidos en accidentes en los que estaba implicado uno de estos vehículos de uso agrícola. El saldo anual se sitúa en alrededor de 90 muertos.

Pueden parecer pocos si se comparan con las 484 personas que fallecieron el año pasado en accidentes con turismos, pero el dato es desde luego contundente en comparación con el parque nacional de tractores: 1,14 millones —1,42 si contamos los motocultores— frente a 24,5 millones de coches. Sobre todo en las zonas del país en las que se registran la mayor parte de los siniestros. En Galicia, por ejemplo, en agosto de 2021 habían fallecido una docena de personas en accidentes con vehículos agrícolas, lo que los convertía en los segundos más letales, solo superados por los turismos. Suman más que los fallecidos en moto o incluso las víctimas de atropello.

90

Una estadística silenciosa. Los tractores no solo representan un reto para la seguridad. Que a menudo las víctimas no sean agricultores profesionales supone también un reto para los analistas. Como señala el informe de Mapfre, el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) registra todos los fallecidos en el ámbito laboral; pero muchas de las víctimas que pierden la vida a los mandos de un tractor mientras trabajan en el campo no encajan exactamente en su perfil y acaban quedándose fuera de esas estadísticas. El motivo: la mayoría no son trabajadores asalariados, sino particulares, a menudo hombres jubilados mayores de 65 años.

Para muestra, de nuevo, un dato esclarecedor: entre 2010 y 2019 los técnicos de Mapfre contabilizaron 1.172 noticias sobre personas fallecidas en el campo, un dato considerablemente superior al recogido en los registros del Ministerio de Trabajo, que incluía solo 473. Lo más alarmante es que la propia Mapfre reconoce que el dato real podría superar al que refleja su dossier de noticias, ya que los medios no siempre hacen el seguimiento de las víctimas. «Las cifras finales reales muy probablemente sean
incluso superiores (los medios no suelen informar de las personas que fallecen como consecuencias
de las lesiones varios días después del siniestro, por ejemplo)», resalta.

Un problema bien conocido. Conseguir un retrato estadístico preciso puede suponer un desafío, pero eso no nos ha impedido hacernos con una idea clara de cómo, cuándo, dónde y sobre todo quiénes registran más accidentes con tractores. El perfil está bien definido. Los datos de Mapfre muestran que el 54% de quienes perdieron la vida a lo largo de la década pasada superaban los 60 años —la edad media se situó de hecho en 59,4— y la inmensa mayoría eran hombres.

“Son a menudo personas jubiladas, trabajadores por cuenta propia o cuya principal actividad no es el campo y utilizan el tractor a título particular o para una segunda o tercera actividad”, anota el informe. La meteorología más favorable para el trabajo y que haya también más horas de luz explica que la época del año con más siniestralidad agraria sean los meses de primavera y verano.

Cómo se distribuyen geográficamente tampoco es una sorpresa: destacan las comunidades de Castilla y León (210), Aragón (106), Andalucía (102), Cantabria (11) y Castilla La Mancha (69). Si se baja a nivel provincial, el retrato cambia ligeramente. En ese caso sobresalen A Coruña, donde se registraron 60 fallecidos en accidentes con tractores, Lugo (50), Valencia (48) y Murcia (43).

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Los vuelcos, la gran amenaza. Se conoce perfectamente el perfil… Y la tipología de los siniestros. De los 88 muertos que se registraron de media cada año a lo largo de la última década en accidentes con tractores, la inmensa mayoría, 60, los causaron vuelcos. “La salida de vía realizando labores de transporte y con el remolque es la principal causa de vuelco, sobre todo en caminos y carreteras aunque casi la mitad de los vuelcos se producen en las parcelas agrícolas”, detalla Mapfre.

Otro factor clave: las condiciones de trabajo. Los vuelcos no son el único factor que explica la elevada siniestralidad de los tractores. A menudo el cuadro general se completa con otros factores, claves para entender el problema: que la maquinaria resulta anticuada y que quien la maneja lo hace de forma imprudente. En el 91% de los vuelcos los vehículos no contaban con una estructura de protección especial o directamente el piloto había optado por abatir el arco de seguridad.

El problema no es nuevo, desde luego. En 2011 ya había algunos estudios que señalaban que un tercio del parque móvil gallego superaba las dos décadas de antigüedad, lo que, al menos entonces, los dejaba fuera de los requisitos de seguridad para los vehículos de mayor tamaño.

Como señala a Nius Diario José Manuel Ponte, de Unións Agrarias, a menudo las condiciones en las que se maneja la maquinaria añaden más probabilidades para un desenlace fatal: “Muchos son ya jubilados y trabajan con maquinaria muy antigua que no puede renovarse. La gran mayoría trabaja en solitario en sus fincas; si sufren un accidente no hay nadie para socorrerlos».

Imágenes | Walter Sturn (Unsplash), Mapfre y Tony Pham (Unsplash)