Afganistán

Actualizado

El objetivo, un suicida que manejaba un vehículo cargado de explosivos, suponía una «amenaza inminente» para el aeropuerto de la capital

Humo tras la explosión de hoy en una zona residencial de Kabul.
Humo tras la explosión de hoy en una zona residencial de Kabul.EFE

Estados Unidos informó este domingo de un ataque aéreo en la capital afgana contra el Estado Islámico en el Jorasán (IS-K). En un comunicado, el portavoz del Comando Central de EEUU (CENTCOM), capitán Bill Urban, aseguró que el objetivo, un suicida que manejaba un vehículo cargado de explosivos, suponía una «amenaza inminente» para el aeropuerto de Kabul, escenario de una matanza el jueves pasado. A la misma hora se informó de la caída de al menos un proyectil contra una vivienda cercana al aeródromo, que dejó al menos seis muertos, entre ellos niños, según testigos.

«Estamos seguros de que dimos exitosamente en el objetivo», aseguró Urban, si bien testigos en Kabul aseguraban que el impacto contra la vivienda del noroeste del aeropuerto y el golpe que EEUU había lanzado desde un dron eran el mismo. El portavoz del CENTCOM precisó que su ataque había causado «un número significativo de explosiones secundarias», señal de la presencia de explosivos en el vehículo, que supuestamente iba a emplearse en breve contra el aeropuerto, donde permanecen las tropas estadounidenses.

El jueves pasado, un ataque suicida a las puertas del aeropuerto dejó 170 muertos, entre ellos 13 militares estadounidenses, y más de 200 heridos. Ese mismo día por la noche, el IS-K reivindicó el golpe y amenazó con más. En respuesta, un dron de EEUU atacó el sábado una posición en Jalalabad, provincia de Nangarhar. Según el Pentágono, las víctimas fueron dos «notables» miembros del IS-K que presuntamente preparaban nuevos atentados.

Semanas antes de la masacre del jueves pasado, un supuesto alto mando del IS-K habló a la cadena estadounidense CNN. «Cuando los extranjeros y la gente de fuera deje Afganistán, podremos reemprender nuestras operaciones», declaró el combatiente, escondido en el anonimato. Un detalle llamativo es que, durante la entrevista, este hombre reconoció haber pertenecido a la estructura de los talibán pero, al mismo tiempo, estar enfrentado a ellos, tildándolos de ‘moderados’.

«Estábamos operando en los cuadros de los talibán. Sin embargo, estas personas no estaban alineadas con nosotros en términos de creencias, así que nos pasamos al IS», aseguró, refiriéndose a la organización establecida en Irak y Siria cuyo líder, Abu Bakr Bagdadi, se autoproclamó califa hasta morir a manos de EEUU. «Cualquiera que esté de nuestra parte es nuestro hermano. De lo contrario, le declararemos la guerra, ya sea Talib o cualquier otro», matizó.

Su objetivo es que a partir de este martes, sus fuerzas, a priori no más de 600 efectivos procedentes de países como Pakistán y la India, se lancen a arrebatar el control territorial a los talibán. Probablemente mediante una campaña mortífera como la que reivindicaron en el último año, con ataques a hospitales y escuelas. Pero en el aire siguen flotando dudas. No son pocos quienes acusan a este IS-K de ser un mero instrumento de la órbita talibán para asegurarse el control a base de terror.

El manido proverbio de los muyahidín afganos ‘vosotros tenéis los relojes, nosotros el tiempo’ está a punto de cobrar más vigencia que nunca. El 31 de agosto, los relojes de los últimos soldados estadounidenses en Afganistán marcarán la hora de irse a casa. Dos décadas han pasado. Se acaba una maniobra de repliegue que pasará a la posteridad por los mensajes transmitidos por la Casa Blanca, que para muchos afganos han resultado ‘insultantes’, el caos y la tragedia.

Después de que australianos, españoles y británicos -uno de los mayores contingentes- se hayan despedido del primero de los escenarios de la ‘guerra al terror’ de George Bush, mañana lo hará el último contingente de los 5.800 uniformados desplegados en el aeropuerto internacional Hamid Karzi, escenario final de la retirada. Desde el 14 de agosto, 113.500 personas, la mayoría afganas, habían sido evacuadas por su pista de despegue. El sábado quedaban unas 1.400 por irse, según el Pentágono.

Aunque Biden ha hecho todos tipo de equilibrios para tratar de mantener alta la cabeza en estos compases finales, bajo fuego de casi todos los frentes políticos por cómo ha ejecutado el repliegue al que se comprometió su predecesor, el ‘adiós’ será bajo la amenaza de una nueva era de violencia contra los civiles en Afganistán. Por un lado, el IS-K amaga con ensangrentar el día a día; por el otro, los talibán, empoderados, han comenzado a desplegar su larga lista de prohibiciones. Y de represalias.

Una de las más alarmantes para la población es la música. Los dirigentes fundamentalistas ya han advertido de que bajo su mandato no será posible tocar en las calles. Y peor. El sábado pasado, el hijo del conocido músico folk Fawad Andarabi informó del asesinato de su padre. «Fue llevado a rastras a fuera de su casa», dijo en un comunicado, «y asesinado por los talibán en el pueblo de Kishnabad», en un popular valle al norte de Kabul.

«Era inocente, un cantante que sólo entretenía a las personas», lamentó el vástago, en declaraciones a AP. «Ellos le dispararon en la cabeza en su granja». Según argumentó, un consejo local de los Talibán había prometido rendir cuentas con el padre. El crimen se enmarca en una ola de persecuciones y venganzas contra quienes los Talibán y su entorno han señalado como «traidores», y la razón por la que muchos afganos se han jugado la vida frente al aeropuerto -algunos perdiéndola- para ser evacuados.

Conforme a los criterios de

The Trust Project

Saber más