Donald Trump se convirtió en el primer presidente en toda la historia de EE. UU. al que le abren dos procesos de destitución en su paso por la Casa Blanca. Al cabo de una explosiva jornada en la que prácticamente todos los legisladores criticaron de alguna manera su conducta de la semana pasada, cuando una violenta turba se tomó el Capitolio, la Cámara de Representantes aprobó un artículo que garantiza la apertura de un juicio político por “incitar a la insurrección”.

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El resultado final de la votación fue 232 a favor y 197 en contra. A los demócratas, que votaron en bloque, se sumaron 10 miembros del partido republicano. Entre ellos, Liz Cheney, la número tres del partido en la Cámara Baja y que es hija del exvicepresidente Dick Cheney.

“Trump convocó a esta turba, la reunió y luego prendió la cerilla para el ataque. Nunca antes se había presentado una traición más grande de un presidente frente a sus deberes y la Constitución”, dijo Cheney, que fue aplaudida por los demócratas.

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Aunque el número de republicanos que votaron por destituirlo fue muy bajo, contrasta con el primer proceso de destitución en su contra, de finales del 2019, cuando todos se opusieron.

Así mismo, fue el voto más “bipartidista” de la historia en este tipo de procesos en los que por lo general el partido en cuestión cierra filas en torno a su líder. En el de Bill Clinton, en 1998, solo cinco demócratas le dieron la espalda. Si bien hubo varios republicanos que siguieron defendiendo al presidente a capa y espada, la gran mayoría de ellos objeto el proceso, pero no por falta de méritos.

Kevin McCarthy, el jefe de la colectividad en la Cámara, dijo que si bien Trump era responsable por los caóticos eventos de la semana pasada que les costaron la vida a cinco personas, el proceso de destitución empujado por los demócratas conduciría a más división en el país. Especialmente, por la manera apresurada como se presentaron los cargos y sin que se diera tiempo a una investigación.

Guardia Nacional EE. UU.

Efectivos de la Guardia Nacional estadounidense duermen en el interior del Capitolio.

Foto:

Michael Reynolds. Efe

Algunos de ellos sugirieron cambiar la destitución por una “censura” como mecanismo para castigar a Trump. Una figura que es más bien simbólica, pues no acarrea consecuencias, pero que rara vez es utilizada contra un presidente.

Aun así, la protección que los republicanos le ofrecieron a Trump este 13 de enero a pesar de lo acontecido en estas últimas semanas fue una nueva prueba del poder que aún tiene el presidente sobre el partido y que está afincado en su enorme popularidad con las bases más conservadoras. Trump, sin embargo, les ayudó a justificar su posición con un mensaje enviado mientras votaban y en el que pidió a sus simpatizantes abstenerse de más violencia y respetar la ley.

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Hoy, de manera bipartidista, la Cámara demostró que nadie está por encima de la ley, ni siquiera el presidente de EE. UU.

Para los demócratas, y eso fue en lo que más insistieron, la permanencia del mandatario en el poder es un peligro latente, pues los ‘trumpistas’ siguen amenazando con tomarse el Capitolio en Washington y algunos hablan hasta de asesinar al presidente electo, Joe Biden, y su vicepresidenta, Kamala Harris.

“Hoy, de manera bipartidista, la Cámara demostró que nadie está por encima de la ley, ni siquiera el presidente de EE. UU.”, dijo la jefa de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, en una ceremonia en la que firmó el artículo de acusación.

Lo que sigue de aquí en adelante todavía es incierto. Tras la aprobación del artículo con fines de destitución en el Cámara, ahora le corresponde al Senado adelantar el juicio contra el presidente. Si bien quedan muy pocos días antes de que Trump abandone la Casa Blanca, en teoría, y de existir la voluntad política, podría realizarse en ese breve plazo. Eso porque no existe una guía específica que rija el proceso y, por lo tanto, la Cámara Alta puede aprobar reglas para realizar un “juicio exprés” si así lo decidiera.

Pero los republicanos, que de momento son la mayoría en este brazo del legislativo, al parecer no están interesados en empujar el juicio. De hecho, en este momento, el Senado se encuentra en receso y Mitch McConnell, líder de esta colectividad, ya indicó que no piensa reanudar sesiones en los días que restan antes del cambio de mando. Es decir, el juicio quedaría pospuesto para después del 20 de enero, cuando los demócratas ya tendrán las riendas en este órgano del Legislativo.

Lo que muchos se preguntan es si tiene sentido enjuiciar a Trump cuando este ya abandonó la Casa Blanca y no puede ser destituido como tal.

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Para los demócratas –y los republicanos que los respaldan–, la respuesta es más bien obvia: no castigar a Trump por incitar a los violentos que se tomaron el Capitolio dejaría un muy mal precedente. No solo para EE.UU., sino para el mundo. “Permitir que el presidente incite este ataque sin que haya consecuencias es una amenaza directa para el futuro de la democracia (…)”, dijo ayer el legislador republicano John Katko.

Pero lo que no es claro es si los demócratas lograrán conseguir los 17 votos republicanos que necesitan en el Senado para destituir a Trump (se requieren las dos terceras partes o 67 votos).

McConnell, según medios locales, les ha dicho a personas de su entorno que está de acuerdo en que Trump cometió ofensas que dan para una destitución y que no presionará a su bancada para que se opongan. De acuerdo con esas fuentes, el poderoso senador de Kentucky cree que la destitución sería buena para el partido a largo plazo, ya que les permite distanciarse de Trump y el ‘trumpismo’, pues podría quedar inhabilitado para cargos políticos de por vida.

De momento, solo cinco republicanos en el Senado han indicado que votarían por la destitución

McConnell, entre otras cosas, le atribuye a Trump no solo la perdida del control de la Cámara de Representantes en el 2018, sino del Senado y la Casa Blanca en las elecciones del 2020. Además, acaba de ser reelecto por seis años más y no le preocupa un posible castigo de la base por “traicionar” al presidente.

El líder republicano se refirió ayer a los rumores, pero solo para decir que no había tomado una decisión sobre cómo votará cuando el caso llegue al Senado. Y que no lo haya descartado es muy diciente. Pero muchos en el Senado piensan como él o están en condiciones de romper con Trump sin pagar consecuencias.

De momento, solo cinco republicanos en el Senado han indicado que votarían por la destitución. Pero ya comenzaron a ser atacados por sus colegas en la Cámara Alta. Mucho va a depender, por supuesto, del clima político que exista a partir de la semana entrante y del curso que tomen las investigaciones que se adelantan en torno a lo sucedido en la toma del Capitolio.

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Este 13 de enero, por ejemplo, surgieron reportes según los cuales algunos congresistas republicanos habrían facilitado el asalto al Capitolio. Así mismo, se han iniciado investigaciones para determinar si existió algún tipo de coordinación entre los manifestantes y la Casa Blanca o aliados del presidente. Y si eso llegará a demostrarse, crecería la presión para que más republicanos se sumen. Si nada pasa y las cosas comienzan a enfriarse, podría suceder todo lo contrario.

SERGIO GÓMEZ MASERI
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
WASHINGTON