Los más devotos estarán en desacuerdo, pero tiene su parte buena que nuestro grupo favorito lleve ocho años sin dar señales de vida discográfica. Por lo que atañe a The Cure, que anoche reventaron el Palacio de los Deportes, la ventaja de no defender ningún repertorio de estreno es que Robert Smith pudo escoger entre docena y media de álbumes en función de su santísima voluntad. Puede que la santidad de nuestro hombre oscuro se agotara en ese preciso acto volitivo, pero agradeceremos siempre el óptimo estado en que demostró conservar sus miedos, espasmos, paranoias, estupores y demás negruras.

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Fuente: El País – Cultura