Gran controversia han causado en EE. UU. las declaraciones del jefe de gabinete de la Casa Blanca, Mark Meadows, sobre la aparente decisión de enfocarse solo en el desarrollo de vacunas y tratamientos para el covid-19 y abandonar los esfuerzos por tratar de frenar el avance de la pandemia en el país.

“No vamos a controlar la pandemia. Lo que vamos a controlar es el hecho de que podemos obtener vacunas, tratamientos y otras formas de mitigar”, dijo Meadows el fin de semana en una entrevista con Jack Tapper de CNN.

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Las declaraciones parecen confirmar una tesis que ha ido ganando fuerza en el entorno del presidente Donald Trump y que viene empujando Scott Atlas, un médico que no es experto en enfermedades infecciosas pero que ha tomado las riendas del grupo de trabajo nombrado por el presidente para enfrentar la pandemia.

Atlas insiste en que los tapabocas y el distanciamiento social no son la panacea y que la mejor estrategia es apuntar a la “inmunidad de rebaño”, un controvertido concepto bajo el cual se permite que el virus circule para que la población desarrolle resistencia e inmunidad de manera natural.

No vamos a controlar la pandemia. Lo que vamos a controlar es el hecho de que podemos obtener vacunas, tratamientos y otras formas de mitigar

Donald Trump

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Foto:

Saul Loeb – AFP

Pero la mayoría de expertos a nivel mundial y los científicos de la propia Casa Blanca se oponen a esa aproximación pues causaría la muerte innecesaria de miles de personas y no hay garantías de que funcione.

Entre otras cosas porque la vacuna, una vez exista, tardará mucho tiempo mientras se distribuye entre la ciudadanía -probablemente un año- y no hay certeza de que una mayoría se la aplique. Además, las drogas terapéuticas tampoco están disponibles para el público general y su producción no alcanza todavía grandes volúmenes.

Es por eso que médicos como Anthony Fauci, el jefe de los epidemiólogos del país, insisten en que el único camino real para mitigar la crisis es el uso de tapabocas, evitar grandes concentraciones de gente y mantener el distanciamiento social.

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Ya los modelos indican que aún con medidas de este tipo, podrían morir otras 200.000 personas antes de febrero. Pero de acuerdo con Scott Gottlieb, exdirector de la Administración de Alimentos y Drogas de EE. UU., dejar que el virus avance sin hacer énfasis en su control podría disparar el número de decesos.

Fauci, de hecho, cree que se podrían salvar 100.000 vidas si la población decidiera usar tapabocas de manera generalizada. E, incluso, sugirió que si no lo hacen debería considerarse un mandato obligatorio a nivel nacional.

De acuerdo con un nuevo estudio de la Universidad de John Hopkins, menos de la mitad del país, el 49 por ciento, dice usarlas de manera rutinaria.

Las palabras de Meadows, además, generarán mucho impacto pues EE. UU. está entrando en lo que parece ser una segunda y peligrosa ola de covid-19.

El viernes y sábado de la semana pasada se batieron todas las marcas previas de contagios (más de 80.000 ambos días) y los números de muertos han comenzado a crecer nuevamente.

Están reconociendo lo que ha sido la estrategia de Trump desde el comienzo: ondear la bandera blanca de la derrota

Anthony Fauci

El epidemiólogo Anthony Fauci, contrapeso de Trump durante la pandemia en Estados Unidos.

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El promedio de casos durante un periodo de siete días es el más alto desde que comenzó la pandemia y una mayoría de estados están registrando aumentos. Lo cual es preocupante pues el país ya está llegando al invierno, un ambiente más favorable para la propagación del virus. Trump, además, ha venido ignorando esa tendencia e insiste en que la solución está a la vuelta de la esquina y el virus bajo control.

El fin de semana dijo que los demócratas solo querían hablar de covid-19 para ganar las elecciones y que la pandemia desaparecerá de su discurso una vez pasen los comicios.

Lo cual parece una contradicción. No solo por los números, sino por que su propia Casa Blanca sigue experimentando una crisis de contagios.

Este fin de semana se confirmó que 5 asesores cercanos del vicepresidente Mike Pence, entre ellos su jefe de gabinete, han contraído la enfermedad.

Pero el vicepresidente, en lugar de acatar las guías aprobadas por la Casa Blanca que ordenan un confinamiento de 14 días para personas que han entrado en contacto con el virus, ha optado por seguir realizando eventos de campaña a los que asiste sin tapabocas y entra en contacto con decenas de personas.

Según los demócratas, tanto Trump como sus funcionarios están tratando de vender una falsa narrativa sobre la pandemia para desviar la atención de un tema cuyo manejo le ha costado mucho respaldo al presidente.

Es sorprendente. Meadows acaba de admitir que esta administración ha tirado la toalla en el esfuerzo por controlar la pandemia, que se rindieron frente a su deber básico de proteger a los estadounidenses. Esto no fue un error. Están reconociendo lo que ha sido la estrategia de Trump desde el comienzo: ondear la bandera blanca de la derrota y confiar que al ignorarlo el virus desaparecerá por sí solo. No lo ha hecho y no lo hará”, dijo Joe Biden el candidato demócrata para las presidenciales.

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Trump, por su parte, dijo que no se está rindiendo frente al coronavirus y que es Biden el que le está ondeando la bandera blanca a la vida porque no sale del sótano de su casa. “Este tipo es patético”, dijo al volver a insistir en que ya tienen al virus contra la pared.

SERGIO GÓMEZ MASERI
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
WASHINGTON