La conocida como «gripe española» provocó al menos 50 millones de muertes e infectó a unos 500 millones de personas en todo el mundo entre 1918 y 1919, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos.

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La segunda ola de la gripe española fue peor que la primera. Pero expertos aseguran que no se debió a relajación de la gente, sino que su letalidad radicó en una probable mutación del virus, la imposibilidad de confinarse y la necesidad de trabajar en el contexto de la Primera Guerra Mundial.

Los casos durante la primera ola, dada por terminada en julio, fueron «mucho más leves que los que se observarían durante las dos olas siguientes», narran los CDC. 

El segundo brote, aparecido en septiembre, «fue la verdadera pandemia de
gripe de 1918″
, dijo en un correo a la AFP Anton Erkoreka, director del Museo Vasco de Historia de la Medicina, destacando que éste «mató en todo el mundo, en otoño (boreal), a unos 40 millones de personas».

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Posiblemente alguna de las cepas del virus influenza, responsable de la gripe española, mutó, se hizo más virulento y selectivo y provocó la hecatombe

Explicar la alta letalidad de la segunda ola por la despreocupación de la población «es un sinsentido», en palabras de John Barry, autor del libro «La gran gripe. La historia de la pandemia más mortal de la historia» y quien ha participado en órganos consultivos sobre enfermedades en Estados Unidos.

En su opinión, la principal causa de la mayor mortalidad fue el propio virus, que «mutó y se volvió mucho más letal». «Posiblemente alguna de las cepas del virus influenza, responsable de la gripe española, mutó, se hizo más virulento y selectivo y provocó la hecatombe que ocurrió en todo el hemisferio norte entre septiembre y noviembre de 1918», coincidió Erkoreka.

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El segundo brote de la gripe española, «no se debió a un ‘desconfinamiento’, pues no hubo un confinamiento durante la primera fase», explicó Freddy Vinet, profesor en la Universidad Paul Valéry de Montpellier, en Francia.

Vinet, autor también de una obra sobre esa pandemia del siglo XX, explicó: «Para la gente de aquella época, la gripe no era una enfermedad grave y no justificaba las medidas que hoy llamamos ‘confinamiento'».

Ni la medicina ni los sistemas de sanidad públicos tenían el desarrollo actual, ni la población contaba con los medios que tenemos hoy para ser informados de lo que debemos hacer

Vinet destacó asimismo la falta de medios de la sociedad de 1918, como refrigeradores o telecomunicaciones, para confinarse de la manera en que se ha hecho en muchos países durante la pandemia del nuevo coronavirus.

Las situaciones de 1918 «y las actuales no tienen nada que ver», señaló por su parte José Luis Betrán, profesor de Historia Moderna de la Universidad Autónoma de Barcelona. 

Según un análisis publicado este año por la Loyola University Medical Center de Estados Unidos, las ciudades que dispusieron el cierre de escuelas e iglesias o el aislamiento de enfermos registraron menores tasas de contagio y de mortalidad que aquéllas que no los decretaron o lo hicieron más tarde.

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Investigadores de la Universidad de Princeton también concluyeron en 2007 que la implementación de medidas para evitar los contagios pueden reducir «significativamente» la tasa de transmisión de la enfermedad mientras permanezcan vigentes.

Betrán enfatizó: «Ni la medicina ni los sistemas de sanidad públicos tenían el desarrollo actual, ni la población contaba con los medios de comunicación que tenemos hoy en día para ser informados de lo que debemos hacer». 

AFP