Actualizado

Este sábado la protesta fue distinta:las mismas ganas de cambio con más rabia acumulada. «Nunca nos habían golpeado de esta manera», clamaba anoche un opositor magullado

Un joven ruso muestra una pancarta pidiendo la libertad de Navalny.
Un joven ruso muestra una pancarta pidiendo la libertad de Navalny.

Rusia encerró al líder opositor Alexey Navalny pero ha ‘liberado’ a la oposición. Decenas de miles de manifestantes salieron a las calles en más de 100 localidades de Rusia para exigir la liberación del líder opositor Alexey Navalny en una de las mayores protestas a nivel nacional que el país ha visto en los últimos años. Los organizadores hablaban anoche de 40.000 personas protestando en el centro de Moscú. Los coches paraban junto a la plaza y hacían sonar sus bocinas en señal de solidaridad: «¡Putin fuera, Putin fuera!», gritaba desgañitándose un taxista en pie junto a su vehículo. Junto a la otra puerta, en medio de la calle, su clienta aplaudía a los manifestantes y les sacaba fotos. Las protestas no tenían permiso de las autoridades y el ambiente fue de confrontación desde el primer momento. Un sector de la población empieza a ver al gobierno como una presencia insoportable a la que hay que plantar cara. Las fotos de heridos en las manifestaciones que anoche corrían por las redes sociales son el condimento final de ese relato.

En un país donde el sistema es monocolor y no evoluciona, este sábado la protesta fue distinta: las mismas ganas de cambio con más rabia acumulada. La policía tuvo que emplearse a fondo: «Nunca nos habían golpeado de esta manera», clamaba anoche un opositor magullado. Los manifestantes cruzaron también algunas líneas rojas que normalmente se respetan: agentes del orden fueron rodeados, atacados con bolas de nieve en plena calle y fue vandalizado un coche del FSB, los servicios de inteligencia acusados de intoxicar a Navalny en agosto. La policía empleó la violencia para llevarse, uno a uno, a manifestantes detenidos. Algunos rusos respondieron a puñetazo limpio. Las autoridades reportan varios agentes heridos.

Centenares de detenidos durante las protestas por el arresto de Navalny

En Yakutsk la gente se manifestó a 50 bajo cero. En San Petersburgo, por primera vez en la historia reciente, los manifestantes marcharon por la arteria central de la ciudad, la icónica avenida Nevsky. En todo el país hubo más de 3.200 detenidos. Yulia Navalnaya, esposa de Navalny, fue arrestada en medio de las marchas que se celebraban en todo el país en apoyo a su marido. Navalny fue arrestado el domingo pasado a su regreso a Rusia desde Alemania, donde se recuperó del envenenamiento que sufrió en 2020 por orden del presidente ruso, Vladimir Putin, según denuncia.

Liubov Sobol, una aliada muy cercana de Navalny, también fue detenida: esta política y abogada trabaja en el Fondo de Lucha contra la Corrupción (FBK) creado por el líder opositor. Su plataforma de investigación acaba de revelar un palacio secreto del presidente ruso valorado en mil millones de euros.

La respuesta de Putin

El estado, que ha endurecido recientemente las leyes contra las manifestaciones, prepara su respuesta al desafío de anoche. El Comité de Investigación ha abierto causas penales por ataques a las fuerzas de seguridad, vandalismo y daños deliberados a la propiedad, apunta la agencia RIA Novosti. Se preparan nuevas movilizaciones y el 2 de febrero una vista judicial decidirá si Alexey Navalny tiene que cumplir en prisión una condena de hace años.

La oposición rusa ha tenido siempre dificultades para colocar su mensaje en el debate público del país. Pero el intento de asesinato de Navalny el año pasado y su encarcelamiento han colocado por primera vez al opositor en el centro. Figuras conocidas de la cultura y el espectáculo han pedido justicia para un hombre que hasta hace poco sólo tenía apoyos sólidos en las grandes ciudades. En Vladivostok la manifestación contó con la presencia de Yuri Dud, autor de uno de los canales de YouTube rusos más populares con 8,6 millones de suscriptores.

La capital y los pueblos pequeños protestaron el mismo día. «La gente salió a las calles no solo por la libertad de Navalny, sino también porque no ven otra forma de buscar justicia donde no hay tribunales ni elecciones», escribía anoche en caliente el columnista de ‘Novaya Gazeta’ Kirill Martynov.

Siguiendo con la tendencia de los últimos dos años, cada vez hay más adolescentes en las marchas, difundidas cada vez más en plataformas como TikTok. Asistieron muchos jóvenes que no han conocido otra referencia del poder estatal ruso que Vladimir Putin. Alisa, de 19 años, estaba ayer en primera línea de la plaza Pushkin junto a dos amigos: «No estamos aquí porque queramos a Navalny como presidente, sino porque queremos un gobierno que se comporte de manera limpia y justa con la oposición, las elecciones fueron una ficción», explicaba a EL MUNDO mientras pasaban hileras de agentes antidisturbios a su lado. Junto a ella, Sabina, también de 19, pedía un país más justo: «Ahora todo se lo reparten entre Putin y los suyos». Había ancianos con gorro tradicional ruso, matrimonios, estudiantes con pancartas y vecinos de otras ciudades con enseñas rusas.

«Vaya noche de mierda»

En algunos balcones asomaban banderas de Bielorrusia, donde desde el verano se suceden las protestas contra el régimen. En ciudades grandes y pequeñas se repitieron gritos contra el gobierno y la policía. «Vaya noche de mierda», se lamentaba un agente mientras bloqueaba el paso de una de las salidas del metro. Ciudadanos de todas las edades los grababan con el móvil y cantaban canciones contra ellos en los subterráneos de la plaza. El respeto a la autoridad ha bajado dos peldaños este invierno, al menos en Moscú.

Aunque el proyecto político de la disidencia no está armado, existe un hilo conductor que va del campo a la ciudad: ansia de estado de derecho, seguridad para todos independientemente de lo que se diga o piense, y freno de una vez por todas a la corrupción.

Sólo en Moscú hubo más de 900 detenciones. La policía se vio obligada a cortar accesos en el centro de la ciudad y también al Kremlin. La vida en el centro de la capital rusa quedó trastocada por la convocatoria de una oposición extraparlamentaria que según los medios oficiales apenas representa a nadie. Sobre las siete de la tarde algunos grupos de manifestantes llegaron al centro de detención preventiva de Matroskaya Tishina, donde está preso Navalny. Allí también continuaron las detenciones hasta altas horas de la noche.

Desde el gobierno se piden cuentas no sólo a los ciudadanos: también a otros países. El Ministerio de Relaciones Exteriores exigió explicaciones a la embajada estadounidense en Moscú por la publicación en su página web del itinerario de las manifestaciones opositoras, convocadas a pesar de las prohibiciones de la pandemia. Pero toda esa información llevaba días presente en Internet pese a los intentos de controlarla. No sólo Facebook, VK y Twitter: TikTok es la nueva pólvora que hace prender la protesta a pesar de los medios oficialistas. Una nueva generación está descubriendo las frustraciones de sus padres y sus hermanos mayores.

Conforme a los criterios de

The Trust Project

Saber más