Cuando llegó a su nuevo hogar, tras ser reubicado desde una inhóspita zona montañosa en la provincia de Sichuan, en el centro de China, al agricultor tibetano San Guijin no le sorprendió encontrarse en el salón con el omnipresente retrato del presidente Xi Jinping.

Tampoco pensó que le sería tan difícil adaptarse a una nueva vida en comunidad, apartado del lugar donde nació, unos meses después empezó a ver el lado positivo de los cambios.

(Le puede interesar: Covid-19: barrios pobres de Bombay se acercan a inmunidad de rebaño)

Ahora le reconforta haber dejado su maltrecha casa, ya no tiene que preocuparse por las lluvias y pasó de cultivar las patatas de las que se alimentaba a trabajar como gerente en una cooperativa agrícola junto a sus vecinos.

Antes vivíamos aislados. Todos pasamos por lo mismo y eso nos hizo más fuertes

«Antes vivíamos aislados. Todos pasamos por lo mismo y eso nos hizo más fuertes», comentó San desde su nueva morada en la aldea de Qingshui, donde el Gobierno chino invirtió unos 15 millones de yuanes (2,25 millones de dólares) para proveer de «viviendas seguras» a quienes considera desfavorecidos.

Las autoridades locales esperan que este pueblo salga de la pobreza este año -cuando los ingresos de los residentes lleguen a 5.000 yuanes (734 dólares) anuales- en virtud del ambicioso y titánico proyecto con el que China pretende acabar con la miseria que todavía hoy envuelve a muchas zonas rurales del país.

En las últimas cuatro décadas, Pekín sacó oficialmente de la pobreza a más de 800 millones de personas aupada por las reformas económicas. Su aportación a la economía mundial ha pasado del 1,5 % al 15,4 % actual y el PIB per cápita se multiplicó por casi 65.

(Lea aquí: ¿Por qué la ONU dice que la pandemia disparará la pobreza en A.Latina?)

No obstante, el estándar establecido en 2011 por el Ejecutivo chino considera pobres a residentes en zonas rurales cuyos ingresos no superen los 1,2 dólares al día -por los 1,9 que establecen otras instituciones internacionales- y no tengan un «acceso básico» a vivienda, alimentos, prendas, sanidad, educación y agua potable.

A finales de 2019, sólo alrededor de un 0,6 % de la población, 5,5 millones de personas, vivían por debajo de este umbral, según estadísticas verificadas por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

Una nueva vida

«De la pobreza a la prosperidad. Los incansables esfuerzos de los funcionarios del Partido Comunista de China lograron cambios maravillosos», señala una pancarta bajo un fondo rojo a la entrada del poblado de Chengbei Gan’an, donde se construyeron 1.400 apartamentos para reubicar a 6.660 personas.

Había que caminar descalzo porque no había zapatos

Uno de sus residentes rememora los tiempos en que «había que caminar descalzo porque no había zapatos», cuando se comía lo que se cultivaba y el resto se conseguía mediante trueques.

(Lea también: Prioridades firmes para los Estados frágiles)

La joven Axiwusha, de 26 años, recalca que los baños y la cocina son nuevos, y que la comunidad dispone de un colegio, un centro de salud y uno de mayores, algo «impensable» hace unos años, dice con su niño en brazos.

Tanto ella como su familia pertenecen a la etnia yi, mayoritaria en la prefectura de Liangshan a la que pertenece este condado y donde todavía hay 178.000 personas oficialmente pobres de las 200.000 que viven en Sichuan. Comparte hogar con sus hermanas y sus familias: 11 personas bajo el mismo techo.

Decidieron que no podíamos vivir en las montañas en aquellas condiciones

Axiwusha cuida de sus tres hijos. Su marido, que trabaja en la ciudad, visita el pueblo una o dos veces al año. «No sé por qué nos mudamos aquí, simplemente sucedió. Decidieron que no podíamos vivir en las montañas en aquellas condiciones. También recibimos un subsidio del Gobierno», comenta.

Los aldeanos no entienden cómo las autoridades cocinan las políticas, pero dicen que dejarán de ser pobres tras la puesta en marcha de proyectos que van desde las reubicaciones a la mejora de las infraestructuras viales, hasta la promoción del turismo ecológico o la puesta en marcha de programas de formación profesional que traerán más empleos.

(Además: Sacar a África de la pobreza cuando la demografía juega en su contra)

Por los gestos y expresiones de Axiwusha -atentamente vigilada por media docena de funcionarios locales- cabe sospechar que la elección de los vecinos sobre su reubicación ha sido limitada.

El funcionario local Dong Jiaoqi, dice que los desplazamientos son necesarios para que tengan «agua, comida y un techo seguro» y puedan «progresar». Ahora, afirma, «todos los niños pueden ir al colegio y todo el mundo disfruta de atención sanitaria básica».

Hay gente que no se quiere mover, pero respetamos su decisión

«No obligamos a nadie a ser reubicado. Y el Gobierno subvenciona muchos de los costes. Intentamos persuadirles con la idea de que es lo mejor para sus vidas, pero es un desafío. Hay gente que no se quiere mover, pero respetamos su decisión», indica.

Investigadores como Wang Yaqiu, de Human Rights Watch, critican «la ausencia de transparencia» de los programas y se preguntan «si el Gobierno consultó a sus destinatarios», si éstos quedarán endeudados o «si las comunidades pudieron expresar libremente sus puntos de vista sin temor a represalias».

(Le puede interesar: ‘Todos somos vulnerables e interdependientes’)

«Tampoco sabemos en qué medida se divulgaron evaluaciones de impacto ambiental. Cualquier crítica al respecto derivó en el pasado en hostigamientos y detenciones. Antes de hablar de la eficacia de los programas hay que dejar claro que el derecho a la libertad de expresión o de reunión no deben ser pisoteados en nombre del alivio de la pobreza», añade.

El legado de Xi

«¿Que qué hicieron los han -la etnia mayoritaria del país- por nosotros? Pusieron en marcha políticas que nos han beneficiaron», dice Wa Niu, una mujer de avanzada edad de la etnia yi que vive en el condado de Ganluo, donde «ahora hay carreteras, cocinas y baños, agua potable y hasta conexión a Internet».

Será la primera vez (…) en que la nación finalmente salga de la pobreza

Recuerda, mientras apunta al retrato de Xi, unas recientes palabras del mandatario asegurando que «China no va a dejar a ningún grupo étnico atrás» y que «será la primera vez en la milenaria historia china en que la nación finalmente salga de la pobreza».

Ninguno de los aldeanos de esta zona pone en duda sus promesas ni olvida rendir culto a su personalidad. En todas las entradas a los pueblos se da la bienvenida con
frases clave de Xi que se repiten constantemente, como grabadas en piedra, acompañadas de su rejuvenecido retrato.

(Lea aquí: China y la llegada de la nueva economía global/ Opinión)

Pero lo que preocupa a mujeres de edad avanzada como Jizi Arimo es que llegue el día en que una generación yi pueda perder sus tradiciones y su idioma.

Pese a todo, cree que lo mejor para sus hijos es que aprendan mandarín si quieren optar a mejores oportunidades. «Vivimos de la tierra durante generaciones. Esto supone un cambio para nosotros. Vivo aquí con mis cuatro hijos, espero que ellos puedan tener una buena educación», dice Arimo, una de las mujeres del pueblo que solo habla yi y nada de mandarín, situación que, irremediablemente, cambiará con el paso de los años.

De hecho, el país lanzó una campaña para promover el mandarín en las áreas empobrecidas del país, donde solo el 61,56 % de los aldeanos lo hablan, según el ministerio de Educación.

El idioma es ya el obligatorio en escuelas de secundaria como Wenchang, que abrió en mayo de este año y que tiene ahora 3.317 estudiantes, de los cuales un millar viene de familias pobres, explica su director, Shen Deping. Incide en que, aunque las clases son completamente en mandarín, sí que «hay cursos semanales sobre las tradiciones de los yi».

(Lea también: Tensión entre China y Estados Unidos se dispara en Asamblea de la ONU)

Nuestro principal reto es impedir el abandono escolar

«Creo que lo importante aquí es ofrecer una buena educación a los niños, vengan de donde vengan. Esta escuela fue especialmente construida para la población reubicada. Nuestro principal reto es impedir el abandono escolar. Estamos en permanente comunicación con los padres para incentivar los estudios y evitar que los chicos se marchen a trabajar», relata.

Oportunidades laborales y formación

Familias enteras se están viendo obligadas a cambiar su modo de vida. Arimo trabaja ahora en su comunidad como limpiadora por 450 yuanes (66 dólares) al mes.

A las afueras del pueblo, un grupo de mujeres se reúne para recolectar repollos que depositan en enormes cestas, las cuales cargan sobre sus hombros hasta llegar a la parte trasera de un camión. Por este trabajo, A’Xia, de 40 años, gana unos 80 yuanes (12 dólares) al día, sueldo que emplea para alimentar a los seis miembros de su familia.

Y vecinos como Axuamo, que vive en la aldea de Xujiashan, se dedica a criar cerdos y caballos en las praderas, un trabajo que no piensa abandonar: «No sabría hacer ninguna otra cosa».

(Además: Polémica propaganda de Gobierno chino simula ataque a Estados Unidos)

Montamos una cooperativa para vender trajes típicos de los yi

Con todo, algunos aldeanos intentan aprender nuevos oficios y otros tratan de aprovechar la oportunidad que proporcionan las nuevas tecnologías.

Alolazuomo se lanzó a promocionar los productos de su tierra aprovechando una campaña gubernamental que utiliza las plataformas digitales más populares para impulsar el «consumo de productos de áreas pobres».

«Montamos una cooperativa para vender trajes típicos de los yi. Todos estos vestidos y bolsos están bordados según la tradición. Antes nuestros pedidos eran solo de locales. Ahora aceptamos pedidos a través de Internet gracias a una colaboración con vip.com», una web especializada en ventas online con sede en la próspera provincia de Cantón, explica la mujer.

Habla desde su puesto en la plaza del pueblo de Chengbei, donde los lugareños tratan de promocionar artesanías hechas con arcilla, así como licores, chiles, nueces, té, entre otros.

(Le puede interesar: China realiza ejercicios militares en Taiwán por visita de EE. UU.)

Dos chicas promocionan aceite a la pimienta en una transmisión en vivo e intentan persuadir a potenciales clientes de los beneficios culinarios de este tradicional preparado sichuanés.

Comentan que el apoyo de las autoridades se antoja fundamental para la supervivencia de las cadenas industriales rurales, que se vieron en apuros este año por las inundaciones y el covid-19.

«Alentamos a que los influencers den a conocer sus productos en estas retransmisiones. El nuevo patrón de desarrollo pasa por el consumo doméstico y las áreas rurales deben participar. Sus cadenas industriales son frágiles, debemos compensar esa brecha», comenta el funcionario Hong Tianyun.

Pero la investigadora Gao Qin, de la Universidad de Columbia y miembro de la junta académica del Instituto de Distribución de Ingresos de China en la Universidad Normal de Pekín, cree que las regiones rurales tienen todavía muchos problemas por resolver.

(Lea aquí: ¿Es realista el objetivo chino de neutralidad de carbono para 2060?)

Uno de ellos es su difícil acceso vial, que limita «la aparición de verdaderas oportunidades laborales que puedan generar un flujo de ingresos sostenible», indica.

Hace falta proporcionar un salario mínimo más alto y una mayor protección a los trabajadores

«China debería proporcionar más apoyo social y laboral a los grupos con menores ingresos y hacer más por la igualdad en materias como la educación. Hace falta proporcionar un salario mínimo más alto y una mayor protección a los trabajadores», añade.

Entre tanto, un grupo de hombres aprende a cocinar platos típicos en una escuela de formación en la aldea de Xiaoshan. Ven el futuro esperanzador y aseguran estar preparados para abrir sus propios restaurantes cuando lleguen los turistas.

Sus vidas contrastan con la fortuna que pueden llegar a amasar los más ricos de China, que reúne a más del 10 % de los multimillonarios del mundo.

Y es que el crecimiento de las últimas décadas es homogéneo ni semejante para todos: las desigualdades aumentaron desde 2015, un tema casi tabú hasta el punto de que las autoridades vetaron el último libro del economista francés Thomas Piketty.

(Lea también: Republicanos le ponen presiones a Netflix / Una vuelta al mundo)

Este autor critica la opacidad de los datos oficiales chinos sobre ingresos y riqueza, fuga de capitales y corrupción, así como la falta de datos sobre cómo distribuye la riqueza del país a lo largo de los años.

«Es triste que el ‘socialismo con características chinas’ de Xi se aleje del debate abierto», comentó en Twitter el propio Piketty, cuya obra había alabado anteriormente el presidente chino.

EFE

Además

– Una segunda ola de contagios en China será ‘inevitable’, según experto
– 3.245 personas enfermas en China tras fuga de bacteria de laboratorio
– China dice que no necesita campaña de vacunación masiva contra covid