Oriente Próximo

Las llamadas a evitar las marcas galas por las declaraciones del presidente cuentan con el respaldo de líderes como Erdogan y de instituciones clave del islam suní como la egipcia Al Azhar

Manifestantes iraquíes queman banderas de Francia y caricaturas de...

Manifestantes iraquíes queman banderas de Francia y caricaturas de Macron frente a la embajada francesa en Bagdad, este lunes.
AHMAD AL-RUBAYE AFP

En un centro comercial del delta del Nilo los empleados aseguran liderar la rebelión contra los franceses como si se tratase de un tardío ajuste de cuentas contra el ejército de Napoleón y la batalla de las Pirámides en la que hace más de dos siglos cayeron derrotadas las tropas mamelucas. «Son los trabajadores los que han aplicado por su cuenta el boicot a los productos franceses», explica a EL MUNDO un portavoz de la empresa que exige anonimato. «Compraron todos los productos de origen francés que teníamos en el almacén y se niegan a hacer más pedidos a empresas galas», arguye.

Las declaraciones del presidente francés Emmanuel Macron sobre la crisis del islam y su defensa cerrada de las caricaturas satíricas de Mahoma publicadas por Charlie Hebdo tras el asesinato del profesor Samuel Paty han alimentado una sucesión de llamadas al boicot ampliamente difundidas por Oriente Próximo y el norte de África, desde Marruecos hasta Kuwait. En los últimos días las adhesiones a la campaña se han sucedido como un imparable efecto dominó, ante el estupor de París.

En Arabia Saudí las llamadas a evitar la cadena de supermercados Carrefour se han convertido en un fenómeno viral en las redes sociales. En el vecino y rival Qatar dos cadenas de distribución han optado por retirar los productos franceses de sus estantes mientras la principal universidad del país ha anunciado la suspensión «hasta nueva orden» de la semana cultural gala tras «el ataque deliberado al islam y sus símbolos». Un movimiento que también ha sido secundado en Kuwait donde la principal unión de cooperativas ha ordenado el boicot «ante los repetidos insultos contra el profeta» y más de 400 agencias de viajes han decidido eliminar los viajes a París de su oferta.

En las grandes superficies de Jordania una conocida marca de menaje gala ha sufrido una implacable purga, alentada por un llamamiento más amplio urdido por el opositor Frente de Acción Islámica, la rama local de los Hermanos Musulmanes. En Turquía, tras un rifirrafe diplomático in crescendo, el presidente Recep Tayyip Erdogan, que cuestionó la «salud mental» de Macron, se ha convertido en el principal rostro del movimiento, con una invitación abierta al boicot voceada este lunes. En cuestión de horas, populares productos lácteos o cosméticos manufacturados en el hexágono se han esfumado entre imágenes de estantes vacíos en países incluso con estrechas relaciones como Túnez y el evidente apoyo de las instituciones religiosas.

«Todo el mundo tiene derecho a expresarse. Si ellos consideran que la ofensa contra el profeta Mahoma o la religión musulmana es un ejercicio de libertad de expresión, resulta sencillo argumentar que el boicot también lo es», señala en conversación con este diario Abbas Shuman, miembro de comité de notables de Al Azhar, la institución más prestigiosa del islam suní con sede en El Cairo. «Si ellos insultan bajo el pretexto de la libertad, cualquier pueblo puede ejecutar un boicot y optar por reemplazar las mercancías francesas por alemanas, chinas o estadounidenses. Es su libertad», recalca quien durante años fuera el número dos de una entidad que oficialmente tildó de «racista» la promesa de Macron de presentar a finales de este año en el parlamento una legislación contra el «separatismo islamista».

«El boicot se está extendiendo rápidamente y ya no es solo económico sino también cultural», apunta a este diario el analista Ghanem Nuseibeh. «Lo que se halla en el centro de este boicot son las profundas diferencias políticas entre Turquía y Francia. Se ha propagado, no obstante, a otros países que tradicionalmente son más neutrales pero que cuentan con comunidades musulmanas muy fuertes como Kuwait o Marruecos», arguye.

Trabajadores de un supermercado en Jordania retiran los productos franceses.
Trabajadores de un supermercado en Jordania retiran los productos franceses.KHALIL MAZRAAWIAFP

Tras años denunciando la blasfemia y tratando de abogar por una legislación internacional que la persiga, pocas instituciones musulmanas han optado por el silencio. La Organización para la Cooperación Islámica, con sede en la ciudad saudí de Yeda, ha pronosticado que «las palabras de ciertos mandatarios franceses dañarán las relaciones entre el país y los musulmanes».

El ministerio de Asuntos Exteriores galo ha instado a los países musulmanes a detener el boicot y garantizar la seguridad de sus ciudadanos. «Los llamamientos a un boicot carecen de fundamento y deben cesar de inmediato así como los ataques a nuestro país alentados por una minoría radical», ha exigido París. Una tentativa que parece poco susceptible de ser escuchada entre el ruido. «Quien ha ofendido al islam es la mayor autoridad de Francia. Es algo inaceptable. Y ahora, con su llamada a detener el boicot, quieren robarle a los musulmanes su libertad de mostrar su oposición a través de medios pacíficos, muchos más civilizados que el suyo», concluye Shuman.

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