La adolescencia se le escapó a Verónica Díaz (Almería, 1990) con la primera vía de quimioterapia. Un linfoma de Hodgking le dio el pasaporte hacia el final de la inocencia. Subió varias cordilleras a pelo y ahora, ocho años después, cuando mira a los ojos desde los suyos oceánicos, uno tiende a creer que la caducidad de las cosas, de la vida, bien merecen el combate. Lo cuenta todo, lucha, putadas, plenitud, en Diecisiete. Cuando desperté el dinosaurio estaba allí (Amat Editorial).

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Fuente: El País – Cultura