Bielorrusia

El presidente bielorruso lleva meses tratando de apaciguar meses de protestas en su país con la idea de una reforma constitucional

El presidente bielorruso, Alexander Lukashenko.

El presidente bielorruso, Alexander Lukashenko.
REUTERS

El presidente bielorruso, Alexander Lukashenko, volvió a prometer este viernes una nueva Constitución con menos poderes presidenciales. Pero esta vez adelantó que con la nueva constitución aprobada dejará el poder.

Lukashenko, que lleva meses tratando de apaciguar las protestas en su país con la idea de una reforma constitucional, negó que esté buscando una Carta Magna a su medida. Y como prueba, aseguró que no pretende ejercer como presidente tras la aprobación de la reforma.

Sus declaraciones se producen un día después de que el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, llegase a Minsk en su primera visita de trabajo tras las elecciones presidenciales del 9 de agosto, denunciadas por la oposición bielorrusa como un monumental fraude.

Moscú, a juzgar por sus movimientos, está interesado en un cambio controlado en el régimen. Una ‘evolución’ que evite la revolución. Un cambio en el país -no está claro si sería con o sin Lukashenko- que calme la situación, pero no perjudique la alianza entre ambos países. Rusia ha evitado condenar la violencia y los abusos policiales, pero esta vez Lavrov presionó a Lukashenko en público para que cumpliera su «promesa» y lleve a cabo una reforma constitucional. «Por supuesto que tenemos interés en que la situación sea tranquila y estable y creemos que comenzar la reforma constitucional iniciada por los líderes del país contribuiría a esto», dijo Lavrov.

Durante la cita el jefe de la diplomacia rusa recordó a Lukashenko que los acuerdos alcanzados en Sochi, donde Vladimir Putin recibió al líder bielorruso en noviembre cuando éste estaba cercado por las protestas, deben cumplirse.

En un primer momento, los propios bielorrusos no tenían claro a qué se refería exactamente con sus palabras del jueves. Algunos expertos han escrito en la prensa rusa al día siguiente que Moscú estaba persuadiendo a Lukashenko para que transfiera el poder. Al mismo tiempo está sobre la mesa discutir una integración profunda, que podría ser más sencilla con un nuevo jefe de estado.

Lavrov insistió mucho durante la conversación en los «acuerdos» de Sochi, que nunca se explicaron oficialmente. Diversos analistas asumieron que Lukashenko había prometido a Putin una «integración más profunda» y una transición pacífica y tranquila del poder. A ser posible, en favor de un candidato más comprometido con la alianza con Rusia que con las promesas de la Unión Europea.

En sus palabras de hoy viernes, Lukashenko reveló que no está dispuesto a permitir que cualquier candidato o candidata con apoyo popular sea presidente. «Soy partidario de una nueva Constitución. Es peligroso que un presidente desconocido gobierne con la actual Constitución, que le otorga muy amplias facultades», dijo Lukashenko durante una visita a un hospital de Minsk, según la agencia Belta. Con los actuales poderes, advirtió, otro presidente podría incluso desencadenar una guerra si quisiera.

Por eso, ha dicho el hombre que dirige Bielorrusia con mano de hierro desde 1994, «hay que redactar una nueva Constitución favorable a nuestro país para evitar que colapse», subrayó.

Moscú es consciente de que una reforma constitucional, que daría más fuerza al Parlamento del país, puede ser la puerta de entrada a fuerzas prorrusas en el panorama político del país. Un paisaje parecido al de la Ucrania anterior a la anexión de Crimea (2014), donde aunque las elecciones eran abiertas uno de los principales partidos defendía un enfoque cercano al de Moscú. Así Bielorrusia seguiría con una política leal a los intereses rusos.

Otro asunto de las reuniones de Lavrov en Minsk fue «la conducta inamistosa» de varios miembros de la UE. El régimen bielorruso ha denunciado continuamente la «presión externa agresiva» que sufre por parte de países occidentales. Moscú coincide y se queja de que muchos países de la UE siguen con su «costumbre» de hablar con otros Estados desde una posición de fuerza. Para el Gobierno ruso, eso impide restablecer un diálogo respetuoso.

Estos días, la Unión Europea prepara la tercera tanda de sanciones contra el Gobierno de Lukashenko. Mientras, en Bielorrusia continúan las protestas por los abusos del régimen, que cuenta con el apoyo de Moscú. Lavrov ha desmentido contactos informales de Rusia con la oposición bielorrusa. «Es una absoluta mentira y una vez más retrata a aquellos que tratan de hacer una carrera dudosa con dinero extranjero», dijo Lavrov en una rueda de prensa al término de las negociaciones con su homólogo bielorruso, Vladimir Makei.

Quien había puesto esa idea en circulación fue Pavel Latushko, miembro de la cúpula del Consejo de Coordinación de la oposición bielorrusa. La líder opositora, Svetlana Tijanovskaya, tampoco ha rechazado la interlocución rusa. Pero esta semana ha dicho que espera que la Casa Blanca de Biden refuerce la presión para derrocar a Lukashenko.

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