Es normal que incluso los niños que normalmente son tranquilos y de buen comportamiento se pongan difíciles, desobedientes o desafiantes en ocasiones. Sin embargo, si estos episodios se convierten en un patrón, podríamos estar ante un trastorno psicológico.

¿En qué consiste y cuáles son sus causas?

El trastorno negativista desafiante, o trastorno oposicionista desafiante, es una condición descrita en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos mentales (DSM-IV) (catálogo de referencia en las áreas de la psiquiatría y la psicología). Se define como un patrón continuo de comportamiento desobediente, hostil y desafiante, que impacta de manera significativa en su funcionamiento social.

Las causas precisas no se conocen, pero como sucede con muchos otros trastornos de salud mental se cree que intervienen factores tanto genéticos como ambientales (falta de control parental o control excesivo, disciplina contradictoria, abusos, negligencia…).


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¿Cuáles son sus síntomas?

Lo cierto es que los síntomas de este trastorno son poco precisos y pueden no ser fáciles de identificar. Los criterios clave, no obstante, es que formen parte de un patrón continuo y mantenido en el tiempo y que afecten de manera negativa y significativa a su desempeño social.

Así, el niño podría mostrar de manera habitual un estado de ánimo irritable, con frecuentes ataques de ira o enfado; soler discutir con los padres o las personas de autoridad y desobedecer los mandatos; molestar intencionadamente a otras personas; culpar a otros de sus propias acciones; o mostrar sentimientos de rencor y comportamiento negativo.

Hay que tener en cuenta que más adelante en la vida, el trastorno negativista desafiante puede tener serias consecuencias, como el despliegue de conductas antisociales, problemas académicos y laborales, la dificultad para mantener relaciones sanas o problemas de adicción a sustancias.


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¿Cómo se trata?

Principalmente, el tratamiento de este problema se basa en intervenciones familiares y en psicoterapia, junto con el tratamiento de cualquier otro trastorno que pueda coincidir con el mismo (trastornos del aprendizaje, trastornos de ansiedad…).

De hecho, es muy raro recurrir a la medicación para tratar el trastorno negativista desafiante y, cuando se hace, suele ser para atajar otro trastorno que pueda estar sufriendo el niño (TDAH, trastorno de ansiedad, trastorno depresivo…).

Al mismo tiempo, es importante que los padres del niño reciban formación y entrenamiento para mejorar sus habilidades educativas, de manera que resulten más positivas y menos frustrantes tanto para el niño como para ellos.