La vacunación es la herramienta más eficaz para prevenir enfermedades infecciosas que pueden ocasionar graves problemas de salud y es una de las estrategias de salud pública a nivel global que más vidas salva. 

¿Qué son y cómo funcionan las vacunas? Son productos biológicos compuestos por microorganismos inactivados, vivos atenuados o derivados que se administran en el organismo para desarrollar una inmunidad específica contra un determinado patógeno. 

De esta manera, estos compuestos «recrean la enfermedad sin producir la infección» y estimulan al sistema inmunológico para «que desarrolle defensas que actuarán en el momento en que se contacte con el microorganismo que produce la infección y la enfermedad», explican en la Asociación Española de Vacunología (AEV).

¿Cuál presenta un menor riesgo para la salud?

Para que una vacuna sea aprobada y utilizada en la población general necesita someterse a estudios rigurosos a lo largo de las diferentes fases de los ensayos clínicos. Además, continúan siendo evaluadas una vez que se han comercializado y los expertos «siguen constantemente la información procedente de diferentes fuentes en busca de indicios de que una vacuna pueda tener efectos adversos», destaca la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Vacunas

En este sentido, la inmunidad adquirida por las vacunas presenta un menor riesgo para la salud ya que no causan la enfermedad, «ni ponen a la persona inmunizada en riesgo de sufrir las posibles complicaciones de esta», añaden desde la organización.

La inmunidad natural supone un alto riesgo porque algunas complicaciones derivadas de infecciones prevenibles mediante la vacunación pueden originar incluso la muerte. Por ejemplo, puede provocar una «disfunción cognitiva en la infección por Haemophilus influenzae de tipo b, defectos congénitos en la rubéola, cáncer hepático en la hepatitis B o muerte por complicaciones en el sarampión», subraya la OMS.