Pongamos que se llama Alicia. Su TOC era uno de esos casos en los que necesitaba hacer rituales de comprobación (asegurarse varias veces antes de salir de casa que las ventanas y la puerta estaban bien cerradas, los fuegos apagados, la nevera en orden.…). Su tortura comenzaba nada más empezar el día. Se despertaba con la intención de ir a trabajar pero muchos días no conseguía ni llegar a la puerta para salir de casa.

Entraba en el baño y sus rutinas de higiene y maquillaje le podían llevar horas. El resultado que veía en el espejo nunca era perfecto: hacía y deshacía como Penélope y ese perfeccionismo llevado al límite le impedía seguir con el resto de su vida. Su trastorno obsesivo compulsivo no respondía a los tratamientos farmacológicos habituales ni a las sesiones de psicoterapia y fue derivada al servicio de Psiquiatría del Hospital 12 de Octubre de Madrid donde empezó un tratamiento pionero.

Sufrimiento

Allí se le trató con estimulación magnética transcraneana, una tecnología no invasiva que se utiliza desde hace décadas para el tratamiento de enfermedades que afectan al sistema nervioso. Se ha recurrido a ella contra las migrañas que no responden bien a otros tratamientos, para paliar las secuelas tras un ictus o contra la depresión, la ansiedad y las adicciones como la ludopatía donde predomina el impulso patológico. Pero nunca se había probado antes en este problema de salud mental que causa tanto sufrimiento y va mucho más allá de lavarse las manos 10 veces, tener pánico a los gérmenes o quizá ordenarlo todo por colores.

Alicia, nombre ficticio, fue una de las pacientes pioneras en recibirla. La tecnología parece sencilla. Funciona con un dispositivo portátil que se coloca en el cuero cabelludo para suministrar un breve pulso magnético. «Con ella logras que determinadas neuronas del cerebro sincronicen su actividad, estimulándolas o inhibiéndolas», explica Gabriel Rubio, jefe de Psiquiatría del hospital madrileño.

Esta capacidad ofrece una versatilidad amplia, pero lo difícil es concretar con qué frecuencia, intensidad y en qué áreas del cerebro hay que actuar para conseguir un beneficio en función del problema que se quiera tratar. «Ha costado mucho establecer ese protocolo», reconoce el psiquiatra.


El tratamiento es indoloro, no necesita ningún tipo de anestesia y requiere sesiones de entre 35 a 40 minutos


ABC

El tratamiento que recibió consistió en sesiones de entre 35 y 40 minutos de lunes a viernes durante dos meses. La estimulación no duele, el enfermo está despierto durante el tiempo que dura la sesión y no requiere hacer reposo después. Algunos pacientes pueden necesitar un paracetamol porque los músculos del cráneo se contraen durante el tratamiento y a veces deja una sensación extraña en la zona donde se ha actuado, aunque todo esto se corrige con rapidez. No tiene efectos secundarios y solo hay algunas enfermos en los que está contraindicado, como aquellos que son portadores de una válvula de hidrocefalia, tienen epilepsia o tienen un tumor cerebral.

La estimulación transcraneal no ha curado a Alicia pero a los dos meses del tratamiento pudo volver a trabajar. En lugar de pasar tres horas arreglándose en el baño es capaz de ducharse y maquillarse en solo 30-40 minutos. «Aún le queda algún ritual de comprobación, pero puede seguir con su vida».

Obsesiones absurdas

La tragedia del TOC es que los pacientes son conscientes de que sus obsesiones y miedos son absurdos. «Se avergüenzan de ellas, pero no pueden evitarlas. Solo disminuir las veces que, por ejemplo, abren una nevera para comprobar que está todo en orden y bien cerrada les genera una ansiedad que prefieren entrar en el círculo vicioso de seguir haciéndolo», relata este especialista.

Típica de personas perfeccionistas

Las personas perfeccionistas son terreno abonado para padecer TOC. La sociedad lo entiende como una cualidad que debe ser reconocida y se refuerza ese afán de los que quieren hacer las cosas extremadamente bien. A veces esto se transforma en sufrimiento y en comportamientos patológicos.

La pandemia fue un terreno abonado para el trastorno obsesivo compulsivo. El jefe del servicio de Psiquiatría del hospital madrileño recuerda cómo se dispararon los casos por el miedo al contagio. «Personas muy perfeccionistas, incluidos sanitarios, que con el miedo al contagio y la inseguridad de un virus nuevo debutaron con un TOC», recuerda. Esos pacientes son los que ahora han incrementado las listas de espera de la salud mental.