El ciberacoso se ha convertido ya en una de la mayores amenazas para los menores en España. Según datos hechos públicos en abril de 2019, el teléfono contra el acoso escolar del Ministerio de Educación y Formación Profesional (900 018 018) atendió entre noviembre de 2017 y octubre de 2018 un total de 5.557 relacionadas con posibles casos de acoso. Entre los 10 y los 13 años se acumulan el 46% de los casos, mientras que por tipos, el acoso psicológico se da en un 39% de las llamadas, el físico en el 64% de los posibles casos; y el ciberacoso, las amenazas, insultos o risas a través de las redes se producen en el 78% de las llamadas recibidas.

Al respecto, el equipo de psicólogos del programa Recurra de Ginso (Asociación para la Gestión de la Integración Social experta en prevención temprana de conflictos) expresa su preocupación por el inicio de este tipo de comportamientos cada vez a edades más tempranas. “Según diversos estudios, el pico de incidencia de casos de ciberacoso entre menores está entre los 14 y los 16 años. Pero un dato significativo es que estamos viendo que la edad a la que solía iniciarse este tipo de comportamientos solía rondar los 14 o 15 años, y ahora está bajando hasta los 10 y 11 años, y esto nos preocupa mucho”, explica Sophie Álvarez-Vieitez, subdirectora de Recurra Prevención.

«El pico de incidencia de casos de ciberacoso entre menores está entre los 14 y los 16 años»

Los expertos señalan que uno de los posibles motivos de este descenso en la edad de inicio en el ciberacoso es que los niños cada vez tienen acceso a la tecnología a edades más tempranas pero no se les enseña a usarla correctamente. Desde Ginso aseguran también que esto no solo está ocurriendo en lo relativo a los casos de ciberacoso, sino que la edad media ha disminuido en casos de acoso escolar en general e, incluso, en el consumo de pornografía.

Acoso escolar

Los especialistas de esta asociación ahondan en la importancia de no desligar ambos tipos de acoso que “prácticamente van a la par. Es muy raro que haya acoso escolar presencial que no continúe con ciberacoso” y advierten que aunque el ciberbullying puede comenzar con un acto aislado puede acabar teniendo una repercusión negativa para la víctima mucho mayor. “En muchas ocasiones, los jóvenes comparten una foto o un vídeo sin ‘mala intención’ pero, dada la naturaleza de las redes sociales, ese contenido puede llegar a tener una repercusión muy grande, y por tanto el perjuicio para la víctima puede ser también considerable”, explica Álvarez-Vieitez.

¿Cómo deben actuar el colegio y los padres?

Desde Ginso aportan diversas herramientas para prevenir, identificar y abordar el ciberacoso entre niños y adolescentes. Aunque reconocen que desde el entorno educativo es más difícil percibir este tipo de comportamientos – porque los adultos no suelen compartir entorno digital con los menores- sí aconsejan estar alerta a posibles cambios en la conducta de los jóvenes para detectar cuanto antes la existencia de un problema.

También insisten en que en el momento en que se detecta un caso de ciberacoso entre los alumnos, el centro educativo debe darle la importancia que tiene y actuar en consecuencia aunque esta situación se esté dando fuera de las aulas: “El primer paso es identificar a los actores implicados (agresor/es y víctima/as) para entender la situación. A continuación, se debe hablar con las familias tanto de los acosadores como de los acosados, apoyando a la víctima y ayudando al agresor a que entienda que lo que ha hecho está mal. En algunos casos incluso es recomendable involucrar a toda la clase para que entiendan las consecuencias que tienen este tipo de comportamientos abusivos en Internet”.

Relaciones sexuales

Por su parte, recuerda a los padres, tanto los del agresor como los de la víctima, que es importante que actúen de la mano del colegio, intentando no señalarse ni culparse mutuamente, sino trabajando codo con codo. Si se dan mensajes similares desde diferentes ámbitos es más fácil que el mensaje cale.

En el caso del agresor, “es importante que los padres transmitan el apoyo a su hijo o hija, pero que dejen claro que no apoyan su conducta y que lo ocurrido es intolerable”, explica Álvarez-Vieitez. Por su parte, tanto la familia como el personal educativo de la víctima deben apoyar y trabajar con esta lo más tempranamente posible a nivel emocional, ya que el ciberacoso puede desembocar en situaciones emocionales o mentales muy graves, advierten desde la asociación.

La importancia de la educación digital temprana

Ginso señala que otros dos factores clave en la prevención del ciberacoso son la educación digital y la concienciación sobre las consecuencias y la gravedad de realizar acoso a otro joven a través de Internet. Los expertos recalcan además la importancia de transmitir a los jóvenes que cualquiera puede convertirse en agresor y cualquiera puede ser víctima de un caso de ciberacoso.

Una menor observa el teléfono móvil mientras estudia.

Para tratar de no dar pie a estas situaciones, los expertos recomiendan que los padres eduquen a sus hijos en el respeto y en la aceptación de los demás. “Muchas veces en internet, no tener al otro delante hace que la empatía se diluya, lo que lleva a hacer o a decir cosas que nunca se harían o dirían en presencia de la otra persona. Por eso es muy importante que los padres trabajen con niños y adolescentes la empatía”, recalcan.

Por otro lado resulta fundamental explicarles a los menores que en Internet existe un código de conducta, conocido como NETiqueta, que deben seguir y respetar. “Uno de los factores más importantes es que se eduque a los niños en este sentido antes de que tengan un teléfono móvil u otro dispositivo similar propio para que cuando tengan acceso a estos estén más preparados desde el punto de vista de respeto a otros en Internet”.