Queremos que nuestro dormitorio refleje una atmósfera relajada, que nos ayude a evadirnos de las preocupaciones diarias, que propicie el disfrute durante los encuentros sexuales y fomente el descanso nocturno. Sin embargo, no siempre lo conseguimos porque nos empeñamos en acumular objetos decorativos o supuestamente prácticos que rompen la armonía y provocan ‘ruido visual’. Desgranamos algunos de los elementos que debemos eliminar para que orden y el concierto vuelvan a reinar alrededor de la cama.

No a los aparatos electrónicos

Los expertos recomiendan no hacer uso de aparatos electrónicos al menos una hora antes de irse a dormir por lo que su presencia y sobre todo uso en el dormitorio puede alterar el descanso. ¿El motivo? Sus pantallas, emiten luz azul y campos electromagnéticos que perjudican la conciliación del sueño. Por lo tanto, televisiones, tabletas, portátiles, móviles… deberían quedarse al otro lado de la puerta. Sin embargo, un aparato de música, que puede ayudar a relajarse y facilitar el sueño, siempre será bienvenido.

Eliminar zonas de trabajo

Interior de un dormitorio.

Asociemos el dormitorio únicamente al descanso y la relajación, dejemos las preocupaciones y quehaceres diarios en la zona de día: salón, cocina, despacho… Llevarse el trabajo a la cama, aunque no sea literalmente, no va a traer nada bueno. Colocar una mesa, una silla y el ordenador o portátil en algún rincón de la habitación, aunque sobre espacio para ello, va a suponer una tentación, horas de trabajo extra y va a impedir desconectar y bajar el ritmo debidamente antes de lanzarse en los brazos de Morfeo. Por el contrario, sí podemos optar, por montar un pequeño rincón de lectura -basta con una sencilla butaca y una mesita- o un espacio para hacer ejercicios de relajación y respiraciones con una esterilla mientras escuchamos música. Asociemos el dormitorio solo a la calma y el disfrute.

Lo pequeño sí importa (y molesta)

El orden en el dormitorio es tan importante en el exterior como en el interior. Abrir los cajones de la mesilla de noche o de la cómoda y darse de bruces con multitud de cosas dispersas, revueltas y apelotonadas no va a ayudar a conseguir el tan ansiado ambiente zen que queremos para nuestro dormitorio. Retirar las facturas y papeles y organizarlas en archivadores que colocaremos mejor en el salón o despacho, recopilar fotografías sueltas y guardarlas en cajas o álbumes, reciclar cables y cargadores que ya no utilizamos, utilizar separadores u organizadores de cajón para pequeños objetos como gafas de sol, monederos, accesorios para el pelo, guantes… y tira todo lo innecesario. No convirtamos la habitación en un bazar.

El perchero detrás de la puerta

Reconozcámoslo, ese perchero tan práctico que hace tiempo colocamos detrás de la puerta se ha convertido en un árbol de inmensas ramas que todo lo traga: batas, chaquetas deportivas, abrigos, bolsos, bufandas, pañuelos, sudaderas… colgadas unas encima de otras sin orden ni concierto. Cada vez que cerramos la puerta se nos cae el alma a los pies. Recordemos: una habitación ordenada transmite tranquilidad. Mejor descolgar, revisar y guardar lo que no utilicemos a diario.

La cama, siempre hecha

Es el centro, la esencia y el elemento más importante de todo dormitorio. Preocuparse cada día por airearla, cambiar la ropa de cama con frecuencia y dedicar cinco minutos por la mañana a colocar sábanas, colcha o edredón, quitar las antiestéticas arrugas y ahuecar los cojines. Irse a la cama cada noche se convertirá en una experiencia mucho más agradable y placentera. Se trata, sencillamente, de eliminar lo que los decoradores definen como ‘ruido visual’ y crear una mayor sensación de limpieza, orden y equilibrio.

No a las montañas (de ropa)

¿Y qué hay de esa silla, sillón, banco o puf tan monos que hoy permanecen ocultos debajo de montañas de ropa? Las soluciones son múltiples: colocar un cesto con tapa para la ropa sucia – en un rincón del dormitorio o bien en el baño principal-, un galán o perchero pequeño exclusivamente para la ropa del día siguiente y, sobre todo, no hacer del amontonamiento un estilo de vida: todo lo que esté limpio y no se vaya a utilizar, por favor, de vuelta a la percha del armario o vestidor.

No perderse entre montones de cosméticos, bisutería, cremas…

Pensémoslo bien, ¿es necesario que todos los anillos, pulseras, collares y pendientes que hemos acumulado a lo largo de los años estén a la vista encima de la cómoda o tocador? ¿Y si los organizáramos en cajas con separadores o joyeros y dejamos solo a la vista lo que nos ponemos más? ¿Y qué hay de todos esos botes de cremas, perfumes, serum, labiales, bases de maquillaje… que hacen imposible limpiar el polvo en ese rincón? ¿No estarían mejor en algún estante o mueble del baño?

Cajas debajo de la cama

Un baño muy acogedor.

Una cama con cajones o un canapé abatible pueden convertirse en una solución práctica y eficaz para guardar cosas que no se utilizan habitualmente – el edredón en invierno, ropa de cama, almohadas extras, ropa de otra temporada… – pero si la cama tiene espacio debajo y lo aprovechamos para acumular antiestéticas cajas transparentes o de cartón la sensación que darán al dormitorio es la de una especie de pequeño trastero.

Libros y revistas

Otras dos cosas que tendemos a acumular sin medida y sin sentido en el dormitorio. Coloquemos sobre la mesa de noche o dentro de un cajón el libro en el que estamos enfrascados actualmente pero retiremos todo lo demás a las estanterías del salón. Y lo mismo con las revistas. Si ya no nos interesan, aprovechemos para donarlos, regalarlos, intercambiarlos o reciclarlos.

Un colchón viejo

Los expertos aseguran que un colchón con más de diez años es inservible y pueden provocar diversas molestias en cuello y espalda. Lo mismo sucede con las almohadas. Invertir en ambos elementos supone, al mismo tiempo, una inversión en salud y descanso.