¿Qué necesitan los niños cuando se enfadan? La educadora y escritora Tania García lo tiene claro: lo mismo que necesita cualquier adulto. Tras la creación de la plataforma www.edurespeta.com – escuela para familias y profesionales que promueve la educación basada en el respeto y la empatía- y la publicación del libro Educar sin perder los nervios, acaba de presentar ¿Qué necesitan los niños cuando se enfada? (Beascoa, 2020), un álbum ilustrado que aborda uno de los temas que más preocupan a los padres de hoy en día. ¿Sus claves? Ayudar a los más pequeños a comprenderse a sí mismos a la vez que ofrece a los papás consejos para gestionarlos junto a ellos.

ras publicar Educar sin perder los nervios, ¿por qué se ha decantado por el formato álbum ilustrado para abordar el tema de los enfados?

Para mí era necesario hacer un cuento que se pusiera del lado de las niñas y los niños y que atendiese sus necesidades cerebrales y emocionales al cien por cien, pero sobre todo también donde ellas y ellos se sintiesen reflejados totalmente. En ¿Qué necesito cuando me enfado? los niños encontrarán herramientas reales para sus enfados, no basadas en las necesidades adultas, sino en sus necesidades emocionales y por ende cerebrales reales. Creo que era imprescindible un cuento sobre el enfado que realmente fuese no lo que los padres quieren escuchar, sino lo que los niños necesitan y merecen. También está escrito y enfocado para que las madres y los padres aprendan a cómo tratar a los niños cuando se enfadan. Esto hace del cuento un libro muy completo y profundo donde van a aprender mucho tanto padres como hijos.

«En ‘¿Qué necesito cuando me enfado?’ los niños encontrarán herramientas reales para sus enfados, no basadas en las necesidades adultas»

¿Por qué los adultos tenemos tanto miedo o nos dan tanto respeto los enfados de los niños?

Completarlo en familia será el mejor plan de todos.

Realmente los adultos tenemos aversión a las emociones de los niños y las niñas. No soportamos que estén enfadados, como si ellos no fueran seres humanos y pudieran expresar lo que sienten tal y como lo sienten de una manera totalmente primitiva, emocional y explosiva porque están en esa etapa de su vida. La infancia es una etapa cerebral, una fase completamente biológica en la que cuando las cosas no son como desean, sea por el motivo que sea, reaccionan y se expresan mediante el enfado, la frustración, la tristeza… Pueden enfadarse por cualquier motivo, y teniendo en cuenta de que casi nunca vamos a estar de acuerdo, puesto que el mundo adulto tiene unas necesidades muy distintas al infantil, y probablemente nunca (o pocas veces entendamos sus motivos), debemos centrarnos en acompañarlo más que en intentar que cambien de opinión.

«Los adultos tenemos aversión a los enfados de los niños, como si ellos no fueran seres humanos y pudieran expresar lo que sienten»

En definitiva, no tenemos miedo, sino aversión, no nos apetece escucharles ni acompañarles. Vemos que cuando ellos se enfadan nosotros también lo hacemos y justo esto lo que demuestra es que nosotros tenemos un gran desconocimiento de nuestras propias emociones y mundo interior. Solo podemos dar un buen acompañamiento emocional si primero conocemos nosotros nuestras propias emociones y, por ende, nos conocemos a nosotros mismos. Con el cuento aprendemos a comprender nuestras emociones a la misma vez que atendemos óptimamente las de nuestros hijos.

¿Cuál debe ser siempre el papel del adulto ante el enfado de un niño? Y viceversa, ¿qué es lo que nunca debe hacer un padre ante un enfado?

El papel del adulto sería el de hacer de guía. Una persona que acompaña, escucha, que está calmada y tranquila, que comprende la situación aunque no la comparta y que demuestra amor y cariño. Lo que nunca debe hacer un adulto cuando sus hijos están enfadados es enfadarse porque no soportan el enfado infantil. Normalmente los adultos no se enfadan por las mismas cosas que un niño y ahí es donde realmente está una de las claves, si tus hijos se enfadan, aprende a comprenderlos y estar calmado, es lo que necesitan de ti.

«Si tus hijos se enfadan, aprende a comprenderlos y estar calmado, es lo que necesitan de ti»

Poniendo un ejemplo, un niño puede enfadarse porque quiere salir al parque a las doce de la noche, pero a esa hora no se puede porque es de noche y el parque está cerrado. Esta razón no provocará el enfado de un adulto, pero sí puede provocar frustración por no saber qué hacer cuando nuestro hijo sufre una explosión emocional por esta razón. Lo que debemos a toda costa es evitar enfadarnos porque nuestros hijos estén enfadados. Si no nos enfadamos evitaremos el gritarles, amenazarles, hablarles mal, chantajearlos, hacer humor e ironía ridiculizándoles… Y nos centraremos en aportar empatía y respeto. Como madres y padres debemos estar tranquilos, calmados, amorosos, comprender sus necesidades, su situación y sus motivos aunque no los compartamos. Y centrarnos en respetar sus necesidades cerebrales que son precisamente lo contrario a lo que solemos hacer: enfadarnos con ellos.

Cuando un niño está enfadado, ¿qué es lo más necesita de sus padres o del adulto que le acompaña?

Comprensión, empatía y calma: que se pongan a su altura y les den muestras de afecto tanto emocional como físico. Necesitan que comprendan sus emociones, que les digan ‘te quiero’, que les demuestren que están empatizando con frases como ‘entiendo lo que está ocurriendo, en este momento no puede ser pero comprendo cómo te sientes’. Lo que debemos es no distraerles con nada, no querer que calmen ya su emoción sin centrarnos en estar calmados nosotros y acompañar este momento correctamente.

«El niño enfadado necesita comprensión, empatía y calma: que se pongan a su altura y les den muestras de afecto tanto emocional como físico»

Esto no significa que seamos permisivos. En realidad comprender sus enfados y acompañarlos no significa que vayamos de alguna forma a permitir si ellos quieren algo que no podemos darle en ese momento. Si quieren ese algo y se enfadan porque no pueden tenerlo lo que debemos es comprender que pueden estar enfadados, no hay que cambiar su emoción, coartarla o reprimirla ni tampoco dar lo que desean si no es óptimo para ellos en ese momento. El enfado es natural y es parte de nosotros como seres humanos que somos.

¿Qué necesito cuando me enfado? está dirigido a que padres e hijos compartan su lectura y consejos. ¿Qué es lo que va a encontrar en él un padre y qué es lo que va a encontrar un niño?

Con ¿Qué necesito cuando me enfado? los hijos van a encontrar calma, empatía, apoyo y que alguien pone palabra reales a lo que ellos necesitan; que por fin su voz se escucha y no siempre dominan las voces adultas que quieren cambiar lo que los niños sienten. No es un cuento donde se intenta modificar lo que sienten sino que es un cuento donde ellos ven su voz reconocida y sus necesidades cubiertas.

Desde el lado de los padres, aprenderán herramientas para acompañar a sus hijos en sus enfados sin faltar el respeto a las emociones de sus hijos. Herramientas claras, concisas y basadas en la ciencia real del cerebro de los niños y las niñas y lo que se explica es lo que deben hacer y lo que necesitan aportar para un buen desarrollo.

«En este confinamiento el adultocentrismo se ha visto reflejado una vez más. Los niños y niñas han quedado totalmente excluidos junto a sus necesidades»

Se ha hablado mucho durante los últimos meses sobre lo poco que se han respetado y entendido las necesidades de los niños durante el confinamiento y posterior desescalada. Como experta en emociones y asesoramiento de padres y educadores, ¿cuáles cree que son las mayores carencias de la sociedad actual de cara a tener en cuenta el papel de los niños?

Yo fui una de las primeras profesionales que habló acerca de esas carencias y del olvido al que se había sometido a las niñas y los niños durante el confinamiento. Muchos pasaron semanas y semanas confinados en sus casas sin que siquiera les diera un rayo de luz natural porque estaba prohibido que saliesen a la calle. Los adultos podían salir a comprar el pan, a pasear al perro, a comprar el periódico, la comida o incluso el tabaco; pero los niños y las niñas no tuvieron nada durante demasiadas semanas. Por no hablar de los parques que han sido abiertos hace relativamente poco; y de los adolescentes, los cuales han estado totalmente ausentes para los adultos en este confinamiento.

Por supuesto no debemos de perder de vista la situación y el contexto en la que todo esto ocurrió, pero sentía que debía alzar la voz y hacer oír la situación de muchas familias que vivían esto con verdadera angustia y lo hice en un artículo que publiqué en El País donde escribí: “Vivimos en una sociedad adultocentrista por naturaleza. Esto es concretamente, como siempre mantengo, que solo nos preocupa el mundo adulto, nuestros intereses, nuestras necesidades, nuestros beneficios… En este confinamiento el adultocentrismo se ha visto reflejado una vez más, puesto que los niños y niñas, los más vulnerables de nuestra sociedad, han quedado totalmente excluidos junto a sus necesidades. Es más, no se ha hablado de ellos en ningún momento y si se ha hecho ha sido en un tono difícil, en el que se los ve como portadores asintomáticos que pueden causar grandes estragos a nivel social, o como personas que hacen ‘muy duro’ el confinamiento porque lloran, gritan, no quieren hacer deberes y se mueven constantemente. Sería importante pues, optar por la coherencia y, por supuesto, por la empatía y la conexión hacia el colectivo más importante de la sociedad: los niños. Ellos son los únicos que pueden salvar el mundo en el que vivimos, los que pueden hacer de esta Tierra un lugar mejor. Necesitamos tomar algún tipo de medida para que ellos no se sientan abandonados socialmente y puedan tener un respiro de forma segura y consciente en estas semanas tan duras que estamos viviendo” (El artículo fue publicado en El País el pasado 3 de abril).

«No necesitamos una educación emocional donde se perpetúen herramientas que intenten que los niños dejen de sentir lo que están sintiendo»

Cada vez más, las escuelas están optando por introducir programas de educación emocional en las aulas. ¿Hasta qué punto es importante que la educación emocional se tenga en cuenta por los padres y por los profesionales de la educación?

Zlata, de siete años, estudiando en casa.

Realmente veo que se siguen cometiendo los mismos errores. No se necesita poner el foco en una educación emocional donde se perpetúen herramientas que intenten que los niños y las niñas dejen de sentir lo que están sintiendo o tampoco que lleven a ponerle nombre a esas emociones. La educación emocional empieza por el mundo adulto y los adultos tienen que empezar a formarse en cómo acompañar a los niños y las niñas en sus necesidades emocionales, solo así lograremos avanzar.

Los niños necesitan libertad de expresión y que los adultos tengan una madurez emocional suficiente para acompañarla»

Las niñas y los niños necesitan libertad de expresión y que los adultos tengan una madurez emocional suficiente para acompañarla. La educación emocional donde es realmente urgente, por tanto, es en los adultos, en los profesionales de la educación para que sepan cómo tratar tanto los enfados de los niños, así como también los miedos y todas las emociones que ellos sienten. Es urgente que esa educación emocional vaya encaminada a que la infancia esté realmente bien acompañadas tanto por los profesionales de la educación como también por los propios padres.

Los niños aprenderán de los adultos esa educación emocional a través del ejemplo y el acompañamiento, ese debe ser el verdadero objetivo de la educación emocional, ya que si no es así, se acaban perpetuando los mismos comportamientos que llevan a esta sociedad a ser adultista y a no pensar en las necesidades reales de las niñas y los niños.

Portada de '¿Qué necesito cuando me enfado?' de Tania García.
Portada de ‘¿Qué necesito cuando me enfado?’ de Tania García.
CORTESÍA BEASCOA / PENGUIN RANDOM HOUSE