Algunas de las consecuencias más graves de los trastornos de salud mental se dan en la esfera social de la persona afectada. Esto a menudo actúa como un círculo vicioso, ya que la falta de relaciones sanas empeora los síntomas y dificulta la recuperación.

Casi cualquier problema de salud mental puede impactar de una forma u otra en las relaciones sociales del paciente, pero hay algunos que perjudican específicamente este aspecto. Un ejemplo es el trastorno esquizoafectivo.

¿Qué es y cuáles son sus causas?

El trastorno esquizoafectivo es una condición que combina características de la esquizofrenia con otras propias de los trastornos del estado de ánimo, como la depresión mayor o el trastorno maníaco-depresivo.


Las alucinaciones son un fenómeno incomprendido y estigmatizado.

De hecho, se divide en dos tipos en función del trastorno de ánimo del que toma rasgos: tipo bipolar (con alternancia entre estados maníacos y estados depresivos) y tipo depresivo (con predominancia clara de la sintomatología depresiva).

Como sucede con muchas enfermedades psiquiátricas, sus causas siguen siendo objeto de investigación y debate. Se cree que es posible que la genética cumpla algún papel, ya que uno de los factores de riesgo más importantes son los antecedentes familiares de trastorno esquizoafectivo, esquizofrenia o trastorno maníaco-depresivo.


Los doce hijos de los Galvin, alrededor de 1965.

Otros factores de riesgo documentados incluyen el consumo de medicamentos o sustancias ilícitas que alteren la mente y los acontecimientos estresantes, que pueden actuar como desencadenantes de los síntomas.

¿Cuáles son sus síntomas?

La sintomatología puede variar mucho entre un paciente y otro, pero a nivel general combina signos de tipo psicótico con otros del estado de ánimo (esta condición es necesaria para que se pueda diagnostica este trastorno y no otro). Concretamente, se requiere un episodio importante del estado de ánimo y al menos dos semanas de síntomas psicóticos cuando no hay episodio importante del estado de ánimo.

Teniendo en cuenta esto, los síntomas pueden incluir:

  • Delirios: creencias muy fuertes, que afectan a la conducta del individuo, pese a la evidencia en contra.
  • Alucinaciones: percepciones sensoriales que no responden a un objeto real (por ejemplo, ver a personas que no existen o ‘escuchar voces’).
  • Dificultades para comunicarse y hablar (discurso desorganizado, alogia).
  • Conducta extraña, inusual o inapropiada.
  • Síntomas depresivos como sensación de vacío, tristeza profunda, sentimientos de culpa o inutilidad…
  • Períodos de estado de ánimo maníaco: aumento de energía, disminución de la necesidad de dormir, euforia, cambios en la conducta, conducta imprudente…
  • Deterioro de las esferas laboral, académica o social.
  • Descuido de la propia higiene y/o estética.


La mirada fija sin pestañear o dirigida a entes imaginarios son habituales en la esquizofrenia infantil.

Si el trastorno esquizoafectivo no recibe tratamiento, puede desembocar en situaciones como ideación o intentos suicidas, aislamiento social, conflictos interpersonales, desempleo, trastornos de ansiedad, abuso de sustancias, deterioro socioeconómico o problemas de salud derivados de la falta de autocuidado.

¿Cómo se trata?

Normalmente el trastorno esquizoafectivo se trata con una combinación de medicación, psicoterapia y formación en habilidades necesarias en la vida diaria. En cualquier caso, la estrategia va a depender de las características específicas de cada paciente.

Dentro de los fármacos, no es raro que se suministren antipsicóticos para mitigar los síntomas de este tipo junto con estabilizadores del ánimo (como el litio) si el trastorno anímico es de tipo bipolar o antidepresivos si es de tipo depresivo.


Ecografía a una mujer embarazada.

Por lo demás, además de la psicoterapia individual y/o grupal, se puede ofrecer al paciente la participación en formaciones sobre la comunicación y las interacciones sociales y en programas de rehabilitación laboral y ocupacional.

En los casos más graves, especialmente si la persona con el trastorno representa un peligro para su propia seguridad o la de otras personas, se puede considerar su internamiento en un centro psiquiátrico. Igualmente, en los casos en los que no hay respuesta satisfactoria al tratamiento farmacológico o psicoterapéutico se puede considerar la terapia electroconvulsiva.