Las sustancias perfluoroalquiladas o PFAS son un grupo de sustancias químicas producidas por el ser humano que se pueden acumular y permanecer en el organismo durante un largo tiempo provocando efectos negativos en la salud. 

Frutas y verduras, frutos secos, dieta mediterránea

De esta manera, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) ha actualizado las recomendaciones sobre los niveles máximos permitidos de ingesta de PFAS con el objetivo de que no sean perjudiciales para la salud. 

Estas sustancias químicas se utilizan en la fabricación de una gran variedad de productos, como los textiles, domésticos, electrónicos o en el procesado de alimentos. Sin embargo, las personas pueden exponerse a los PFAS tras la ingesta de determinados alimentos, siendo los más comunes los pescados, frutas, huevos, derivados del huevos e incluso tras el consumo de agua potable.

Vías de contaminación de los alimentos

Pero, ¿cómo se contaminan los alimentos con estas sustancias? La EFSA destaca varios focos:

  • Los alimentos pueden contaminarse a través del suelo y el agua utilizados para el cultivo que han sido contaminados previamente. 
  • Mediante la concentración de estas sustancias en los animales tras la ingesta de pienso y agua. 
  • En los envases de los productos que estén contaminados.
  • A través de los equipos de procesamiento que contengan PFAS.

¿Cuáles son los efectos más perjudiciales para la salud?

Muchos vegetales, como los pimientos, los kiwis o los cítricos, son una gran fuente de vitamina C.

Los estudios y análisis realizados por la EFSA evidencian dos efectos graves que se producen por la acumulación de este tipo de sustancias químicas en el organismo. Tal y como recoge la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), se puede producir una disminución de la respuesta del sistema inmunológico a la vacunación, siendo este el efecto más crítico para la salud humana. En la evaluación de 2018, la EFSA consideró que el efecto más perjudicial era el aumento del colesterol en sangre.

Por esta razón, el límite fijado por la autoridad sanitaria para una ingesta semanal tolerable es de 4,4 nanogramos por kilogramo de peso corporal. La población infantil es uno de los grupos más expuestos a la ingesta de PFAS, y «la exposición durante el embarazo y la lactancia es el principal factor que contribuye a los niveles de PFAS en bebés», destacan.