Puede alterarse una vida desde lejos, desde, digamos, 9.000 kilómetros, la distancia que separa Berlín de Los Ángeles. Por un gesto, algo cotidiano, vacuo casi siempre y que, esa vez, deja de serlo. Alguien, digamos que ese alguien se llama Laurentius Dinca y es concertino de la Filarmónica de Berlín, teclea en el buscador de YouTube las palabras “tango” y “violín” y se topa con una melodía con aroma a Piazzola y apellido español. La intérprete Maureen Choi había convencido a Alfonso Cardelús (Madrid, 1981) de subir lo que acababa de componer a la Red y, varios mails cruzados con Dinca después, vencida la incredulidad de lo que, por fortuito, creyó una broma, Aire de tango creció hasta convertirse en una pieza de cuatro movimientos para piano y cuerda donde, las cuerdas —chelo, contrabajo, viola y violines—, están en manos de los solistas de una de las orquestas sinfónicas más emblemáticas del mundo.

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Fuente: El País – Cultura